miércoles, 1 de diciembre de 2010

Ella III

-Tengo que ir a comprar el tabaco para mi abuelo, ¿te vienes?.
-Vale pero marchemos rápido que hoy mi padre anda revuelto y me la voy a ganar seguro.

Y cuando estábamos casi en la puerta de la calle, apareció.

-Ven aquí ¡deprisa!.-le dijo.

-Papa me voy a acompañar a cereza a comprar cosas para su abuelo.

-Eso ya lo veremos. ¿Dónde esta el tabaco que deje en la mesa de la cocina?

-Papa yo que se, yo no lo he visto.

-¿Te la quieres ganar? ¡te lo has llevado tú! como si lo viera.

- ¡Que no, que ni siquiera lo he visto, de verdad que no se donde puede estar!

-Si, te la quieres ganar, a ver ¿se miente a tu padre? eh? eh?
¿Que te digo que les pasa a los mentirosos? haber ¡dime!

-Papa que no se donde puede estar, te lo juro, lo mismo se ha caído o lo ha cogido alguien.

-Ven a la cocina. ¡¡vamos a la cocina! ¿estas sorda?.-Entonces me temblaban las rodillas, sentía una debilidad en todo mi cuerpo como si me fuera a caer.

-Tu cereza vete a tu casa que  esta golfa no va a ninguna parte en un rato.

-Pero Eugenio, si volvemos enseguida, ¡déjela!, además vamos a comprarle el tabaco a mi abuelo, si quiere le podemos traer el suyo.

-¡Vete por tu bien, que a esta no le van a quedar ganas de fumar!

Y me iba, era un fanfarrón, si me hubiera tocado un solo pelo, mi querido papa  se lo hubiera merendao, ¡que a mi  familia solo le pegaba él!.

Eugenio la llevaba a  la cocina y allí en el rincón que quedaba entre la puerta de la despensa y el fuego le propinaba las palizas,  era difícil escaparse de allí, porque si hubiera habido algún mínimo espacio para salir, no la hubiera podido alcanzar.
Pero él era perro viejo y cobarde sabia perfectamente desde donde le cerraba la salida para que no pudiera escaparse.

Se quitaba el cinturón y comenzaba el concierto, menos mal que no le daba con la hebilla, que otros han visto mis ojitos dar con la parte del cinturón que lleva el metal.

Ella se acurrucaba y se protegía la cara con las manos y los brazos, pero en verano con camiseta y falda, las piernas, los brazos, las manos, todo se llenaba de marcas.

Yo la esperaba en la calle, sabia de sobra que en cuanto acabara saldría a buscarme.
Salía  y nos marchábamos sin hablar, ella siempre con aquella rabia contenida, con los ojos llenos de agua pero que no dejaba fluir, no lloraba, no quería…

-Vamos a al patio de la fabrica vieja, y nos fumamos un cigarro.
-Tú estas loca, ¿le has quitado el tabaco? Te va a matar!
-No seas tonta, me hubiera pegado de todas formas,  lo he cogido al salir, el viejo es tonto, malo y tonto.

La fabrica vieja, era un almacén de madera que desde hacia unos años no utilizaban los dueños de la fabrica,  ocupaba casi dos calles y tenia un patio en la parte de atrás, lleno de palomas y muchas plantas que lo habían invadido todo,  la fabrica estaba ahora en las instalaciones de la carretera nueva que tenia mejor acceso y en el patio de la vieja teníamos nuestro refugio.
Allí acudíamos un montón de chicos y chicas a jugar, a fumar y a otras cosas.
Descubrimos una de las entradas a las oficinas y allí nos refugiábamos huyendo de los chicos y de los padres con correa.

Cuando le pegaba podía estar mucho tiempo sin hablar con nadie, ni siquiera conmigo, a veces sentía mucha rabia otras se sentía muy avergonzada y algunos dias era como si le diera todo igual.

-Dame un beso.- Hacia mucho tiempo que no me pedía besos, después de nuestro descubrimiento del desván, nuestros juegos cambiaron un poco, pasábamos mucho tiempo abrazadas y nos besábamos con labios apretaos.

-¡Pero si no te puedo tocar que te va a doler!-  Le había tocado un poco la cara con el cinturón y la tenia muy marcada y el labio superior ya estaba hinchado.

Yo sufría muchísimo por ella cuando le zurraban de aquella manera y ella y se burlaba de mí.

-Tu no resistirías ni un día.
-¡Claro como que mi padre es un blando!
- Si, es un blando, no te pega con correa.
-Ya pero tiene las manos muy duras y cuando me mira con esa cara me cago de miedo.

-No nos besamos bien- me dijo- los besos se dan con lengua.
-¡Que asco, eso es mentira.-Le dije.
-¡Como se nota que eres una enana!.
-¿A  Julian le das besos así?, le pregunte.
-Pues claro, los mayores nos besamos así.
-Pero tu y yo no.
-Pero porque nosotras somos chicas, tonta con los chicos los besos se dan diferentes.
-Pues yo no pienso hacer eso nunca ¡que asco! ¿ y a ti te gustan?
-No están mal, pero contigo me lo paso mejor.
-Bueno, si quieres probamos- le dije, pero no me va a gustar.





4 comentarios:

  1. Ahora voy entendiendo porqué ella ha sido tan especial para ti. Te sigo leyendo, aquí no hay mucho que decir por mi parte...

    besos

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  2. Estoy leyendo este blog como si estuviera en blanco y negro, como una película antigua intimista. Es muy fácil ver las imágenes que cuentas, los escenarios, los paisajes y los personajes. Hasta las sensaciones de los personajes. Me gusta lo que estoy leyendo. Gracias por compartirlo. Un abrazo.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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