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Mostrando entradas de agosto, 2014

No tendría que ser..

Desde la ventana de arriba las vistas son nefastas, solo es posible ver la parte de la alcoholera destruida y la chimenea de las cigüeñas. En otro tiempo no muy lejano allí se trabajaba, se producía, la vida jugaba  y el paisaje era más contaminante para el ambiente pero mucho menos para los ojos.

Cientos de palomas torcaces levantan el vuelo. Lo han invadido todo; ellas, okupas para las que no hay alambradas ni necesidad de pasaporte, sin escritura pública ni contribución urbana, campan a sus anchas y cada vez hay más. No me gustan las palomas, ni siquera la de la paz. De niña me daban miedo cuando entraba al palomar. No soportaba el olor, la oscuridad y el piar de los pichones: zurucutucu, zurucutucu...
 Si sigo mirando la vida sucia de afuera atraves de los cristales de la ventana acabare con ganas de lanzarme por ella.

Me fumaría un cigarrillo, lo he visto hacer en las películas antiguas y soy peliculera. Una mujer con cintura de avispa lleva el cigarro a los labios mientras mira …

celar o no celar

El problema estriba en los celos. Pero no como puede parecer a primer golpe de estereotipo, sino de distinta manera. El problema no es que sea celosa, el problema es que no lo es en absoluto y te dice sigas bailando con esa bailarina de cuerpo escultural mientras ella charla alegremente con la  escultora que esculpe cuerpos desnudos sin ropa.
 ¿Es o no es un problema de celos?

Recomenzar

Han sacado a la calle todos los muebles limpios  y todos los trapos sucios. Toda la suciedad acumulada por  años de callar lo importante y gritar nimiedades  para mantenerse en un desequilibrante equilibrio.
De los dos sillones del salón, uno para cada uno. La lavadora para él, el lavavajillas para ella. Tres de las seis sillas y el equipo de música que hace tantos años que ni suena ni hace soñar en vertical  porque han perdido el gusto por abrazarse y mecerse al ritmo de la música. Las películas de terror para ella, las películas pornofestivas para él.
El ajuar ya pasado de moda no sirve para la vida nueva y se queda en casa con los harapos de un amor que vagabundeó durante muchos días, removiendo cenizas en las que no quedaba ningún calor.
Por fin él tuvo la decencia de decirle que no la quiere y miente cuando añade que no lo dijo antes por lástima. No fue lástima,  sino el servicio de lavandería y comida gratis al que se ha habituado a cambio de las migajas de un amor …