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Mostrando entradas de mayo, 2016

Corazón

Después de una noche eterna al llegar el sol pudo por fin descansar un poco. Desde el atardecer había permanecido empapada en medio de un charco de sudor que manaba de su pecho como de una fuente. Yo me recoste a su lado y le cogí la mano.

- Aquí está mi mano, madre. Si la necesitas, apriétala... Si me necesitas, silba.

Yo dormía como las liebres, con un ojo cerrado y otro abierto, si a eso se le puede llamar dormir, con el alma atrapada entre los barrotes de mis costillas que me impedían gritar, chillar, llorar.

En un momento en que pude cerrar los ojos, ella (que había perdido la voz) pronunció con voz  queda un "corazón" y yo me levante como un resorte para atenderla.

¿Qué te pasa? pregunte llena de prisa. ¿Te duele? ¿Tienes palpitaciones?¿Notas el corazón?

 Y ella me miraba como sin comprender porqué yo no comprendía.

No - me dijo- no me duele. No es eso. Está tranquilo por una vez. He dicho corazón para nombrarte, porque tú eres mi corazón.

Y ese "corazón" ser…

Dientes de leche

Adrián esta perdiendo los dientes. Los guarda su madre en una cajita dentro del arca de las cosas de valor. Él ha dejado su pala en la mesa y la guarda con mimo encima de una servilleta para colocarla más tarde debajo de la almohada de su cama. Allí seguro que la encuentra el ratón como otras veces. Pero cambia de idea, como sabe que su madre es un poco despistada, se sube a una silla y lleva su tesoro a lo mas alto que alcanza de la alacena de la cocina. Allí estará más seguro.

Mientras su madre hace malabares para que coma el pequeño Álvaro que ha mirado el diente con una mezcla de curiosidad y asco, toca los suyos y corre a mirarse en el espejo. Comprueba que no le falta ninguno y vuelve a la silla de la cocina para acabarse el postre. Álvaro tiene tres años y curiosamente esa tarde se toma el postre sin rechistar.


Cuando cae la noche, Adrián sube a la silla y busca la servilleta que guarda su pala. Sabe que esta dentro de la taza para chocolate que no ha usado nadie desde que la c…

De tanto

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De tanto mecerme en su copa y solazarme en su sombra llegué a creerme raiz, tallo, rama,  hoja...
Desde que el dehielo de savia rompió esta primavera no he podido más que conocerme y reconocer
que no soy tallo, ni rama, ni hoja,
que no soy  tronco rugoso, ni liso,
que no soy hoja ni verde ni seca,
que no soy raíz ni dulce ni amarga,
que no soy fruto maduro ni verde...

Que yo creía ser árbol y solamente soy nido...