domingo, 24 de marzo de 2019

Sé de mí...

Algunas veces, juego al que hubiera sido de una persona si hubiera nacido en otra época, si su condición de clase hubiera sido otra, si los vientos favorables hubieran soplado en contra y los contrarios a favor. Novelo del color al blanco y negro y al revés.

Hace pocos días escuché en la radio  a una persona argentina decir algo sobre la España de Lorca con auténtico asombro por el complejo que nos angustia sobre nosotros y el ser que fuímos,  y concluí  que si la España de Lorca existe, también continúa viva la España de sus matadores. Y ello, naturalmente, no hizo menguar mi angustia.

Yo no sé si Lorca era una letra subconsciente o muy al contrario era la letra lúcida de lo que de real existe en el interior más animal y humano que nos conmueve desde adentro. Estoy muy lejos de conocer su obra lo suficiente como para hacer conjeturas con base sólida sobre ese jardín. Tampoco sé si Almodovar es un genio severo y duro que narra en su cine el mundo subconsciente más animal  y humano que, al menos a mí, me conmueve desde lo profundo. Solo sé que leyendo a uno y a otro, en color o en blanco y negro,  tengo la impresión de que un punto de luz que no parece atravesar mi piel, quema por dentro como esos haces de luz ultravioleta que en apariencia no se ven pero ahondan en los músculos y sanan lo que el bisturí no consigue.

Jugando a "que hubiera sido de...", pensé, qué hubiera sido de un Lorca que naciera en La Mancha más pobre, que hubiera tenido que emigrar buscando las habichuelas de la familia lejos de la cuna madre, que hubiera sido el maestro de nueve años que abriera las letras a hombres sin alfabeto, que hubiera llegado a Madrid en los años de la libertad más desatada.... No sé a qué argumentos hubiera dado luces y sombras, pero sé que jugando a "quien hubiera sido quien..." encontré un punto de locura y de terapia común en ambos;  también sé que yo no hubiera sido quien soy sin haber conocido las obras de uno y de otro desde la ignorancia más profunda de ellos y de mí. 


lunes, 11 de marzo de 2019

Lo bueno no puede hacer mal

Sucedió cerca de mediodía con un sol esplendido en el centro de un cielo azul profundo circundado por media docena de nubes blancas dignas de un Sorolla. Se dejaba mecer por un viento suave desde la cuarta altura de una construcción blanca y verde musgo en un sillón arpa tan acogedor como una madre tierna. Mientras degustaban un buen vino perlando una copa de cristal finísimo, se preguntaba,  quien sería el ser que más riquezas poseyera en esta tierra, y deducía que  bien podría tener muchísimo más que ella, pero, desde luego, mejor nose encontraba.






miércoles, 6 de marzo de 2019

Antropónimos vs. topónimos

-Tita Pi, qué estás leyendo?

- Hola, Laura. Estoy tratando de leer una obra de un escritor muy famoso. Se llamaba Becquer y le gustaban mucho las golondrinas.

-¿Fritas?

-¡Que va, si era vegetariano!

- Menos mal...

-¿Es famoso ese escritor?

-Sí, mucho. Ya lo conocerás.

-¿Podremos saludarlo como a Julio?

-No, me temo que a este no podrás saludarlo, porque murió hace mucho tiempo.

- ¿¿Estaaaás leyeeendo cooosas de mueeeertooos...?

-Vaya, dicho así suena un poco ambiguo y suena realmente mal... Era un tipo estupendo, te gustará. Verás, tenía un nombre un poco romántico, se llamaba Gustavo Adolfo.

- ¿Qué dices? Así se llaman los gemelos de mi clase: Gustavo y Adolfo.
¿¿Llevan el nombre de un muerto!!

-¡Y dale! ¡Eres una teatrera...! Llevan el nombre de un escritor, que este muerto no es importante.  No pasa nada, tal vez a sus padres les gustaban las rimas o las leyendas, vete tu a saber.

Cuando tengas que ponerle nombre a tus hijos te darás cuenta de lo difícil que puede llegar a ser, y  de cuantas personas te caen mal. Se comienza a barajar nombres y todos acaban relacionados con algún "espectro".

Tal vez fue eso lo que les ocurrió a los primos cuando seleccionaban el nombre de los chicos  y por eso eligieron nombres de ciudad.

-¿Y cómo se llaman esos primos?

-Israel y Jerusalen.

 -Huy, pues menos mal que no fueron chicas, porque les hubieran llamado... Sodoma y Gomorra .- dijó su hermano que al parecer pasaba por allí...

:)





martes, 26 de febrero de 2019

El sitio de su recreo

El padre de Diego quiere salir a la calle y pretende que el pequeño lo acompañe, pero eso no es fácil, porque por regla general, el niño se encuentra tan a gusto en su casa que hacerlo salir es un reto, y se necesita un muy buen plan.

- Venga, Diego, anímate. Vamos a ir a un lugar  donde todo es paz y armonia, equilibrio, serenidad, goce, contemplación...

Diegui levanta una ceja y lo mira con ojos divertidos.

- Vamos a la pastelería, no?

-Tú me lees el pensamiento, verdad? Pues claro, donde ibamos a ir si no...






viernes, 18 de enero de 2019

Entre cuento y cuento un verso.

La madrastra (una mujer que parece una madre pero no lo es, porque le falta el principal ingrediente que tienen las madres buenas) tomaba el espejo en sus manos y le preguntaba cada mañana, espejito, espejito mágico ¿quién es la más bella del reino? Y el espejo no podía devolverle la imagen de su alma por la sencilla razón de que la madrastra no tenía un alma, ni un ego, ni un corazón propio que mostrar. La madrastra es como una carcasa vacía, imposible de llenar. Cuando el espejo le mostraba la imagen de la muchacha más bella, se llenaba de envidia feroz y reclamaba que le trajeran su corazón en una caja.

Ella necesitaba apropiarse del corazón de las doncellas tiernas e ingenuas y lo conseguía mediante un proceso de seducción,  urdido con la intención de  arrebatar de sus almas la bondad que sí  tenían, las emociones que sí latían y la dulzura que sí es una de sus cualidades principales. Y así, parasitando a quienes vampirizaba, curiosamente, siempre a doncellas nunca a mujeres hechas que descubrieran sus ardides y pudieran ponerla en su sitio de un zapatillazo, les ofrecía esa manzana roja, jugosa, dulce y deliciosa que las almas cándidas mordían.  Al llevar a la boca la fruta envenenada  se desvanecian, porque el veneno intoxicaba su entendimiento, su intuición,  cercernaba su instinto y sin defensas la madrastra entraba en la casa de sus almas para dejarlas sin energia, aturdidas, confusas  sin entender que sucedía, porque no puede ser que una manzana deliciosa condujera a tal debacle.. Las doncellas sin autoestima, aturdidas y envenenadas caían  paralizadas, catatónicas  porque nadie puede vivir con el alma violada por el puño de un espejo. Y es tan difícil despertarlas que solo el amor verdadero puede devolverlas a la vida:  Extraer el trozo de manzana que ha quedado en medio de su cuerpo sin entrar ni salir. Claro que para entonces la vida ya no será la misma, ellas no serán las mismas y aunque la medicina opere las maravillas del amor, el tiempo se habrá perdido irremediablemente. La desolación será terrible, la psicoterapia no encontrará un campo más minado que ese. La esperanza reparará  algunas  secuelas del veneno, no todas, no para siempre y la llama poco a poco dejará de crepitar para dar luz.

 El mejor antídoto será la prevención: si parece demasiado bueno, si casi parece de mentira, probablemente lo será. No dejar nunca de lado la dignidad ni la precaución,  no dejarse convencer de que para amar hay que  arrancarse los  dientes ni las garras como "El león enamorado".
Y lo más importante de todo, la vacuna más efectiva: No creer en los cuentos de hadas ni en los principes azules ni en las almas gemelas ni en la suerte, los hilos rojos, el destino  u otras yerbas, porque el amor es trabajo, es construcción.

Recuerda siempre que el lenguaje nos avisa: encantar, hechizar, fascinar, subyugar serán en muchas ocasiones sinónimos de engatusar, lo que viene a ser: dar gato por liebre.

El amor no nos exije la donación total sin prevenciones ni cuidados,  porque el mundo está muy lleno de madrastras y madrastros sin alma, sin emociones y sin conciencia. Los amores buenos se reconocen porque no nos restan y si nos suman. No nos aisla, por el contrario, nos acompaña de la mano y nos muestra al mundo con sencillez y alegría.

jueves, 10 de enero de 2019

El león enamorado

"La marquesa de Sévigné era de una belleza rara. Y estaba tan acostumbrada a ser cortejada, que el hecho de que un león se apasionara por ella no era de extrañar.

En el tiempo en que los animales hablaban, era común que ellos ambicionasen formar parte de la convivencia humana. Ellos también tenían inteligencia, fuerza, coraje y hasta se comunicaban usando el mismo código de los hombres.

Fue en esta época que el león se enamoró de la bella señorita Sévigné, y sin demora la pidió en matrimonio.

El padre de la joven se asustó. Él quería para la hija un marido un poco menos terrible, mas temía que una  negativa pudiese apresurar un casamiento clandestino. Con su experiencia sabía que el fruto prohibido tiene siempre un sabor mejor.

Resolvió entonces aceptar la propuesta del león y le dijo a éste:

Me agrada la idea de tenerle como yerno, pero me preocupa el hecho de que pueda usted herir el cuerpo delicado de mi hija con sus garras y al besarla con sus dientes impedirá que ella le corresponda con placer.

Y así el león enamorado permitió que le cortasen las garras y le limasen los dientes. Sin garras y sin dientes su fortaleza fue destruida y una manada de perros que pasaba por la calle le  atacó sin que consiguiera defenderse.

Ah! ¡La pasión! ¡Feliz de aquel que escapa a sus ardides!"


Comentario


Dignidad es una cualidad íntima que inspira límite, respeto, consideración y estima. Es la conciencia del propio valor, de la prudencia y del propio aprecio.

Así como el león apasionado, cuántos hombres y mujeres existen que se comportan en el amor de la misma forma "sin garras y sin dientes", es decir renunciando a la propia dignidad.

Cuando permitimos que nos "corten las garras y nos lijen los dientes" destruimos nuestra fortaleza interna y cometemos un error extremadamente grave: entregamos el control de nuestra vida a otra persona. Al abdicar del elemento más vital del amor - la dignidad personal-, perdemos el comando de nuestro propio mundo afectivo. Además cuando  no somos fieles a nosotros mismos, la relación en vez de fortalecernos, nos fragiliza.

En muchas ocasiones perdemos nuestro valor como personas, disimulamos la verdad y afirmamos que  es verdadero aquello que  es falso por tener la engañosa convicción de que tenemos que anularnos para ser un buen objeto de amor.

Colocamos en un segundo plano nuestro poder personal -la dignidad- y nos transformamos en una persona sin consistencia.

Cultivamos la ilusa creencia que para ser muy queridos, debemos resolver los conflictos de nuestros seres amados, mantener todo en un orden perfecto, haciendo felices a todos todo el tiempo; aunque es bueno recordar que esa postura se opone a la razón y al buen sentido.
Damos crédito a la idea de que ser  fiel a los propios principios o inclinaciones naturales puede generar una gama inmensa de dificultades y tememos que siendo auténticos, estaremos expuestos al abandono, al rechazo y al desprecio.

Muchos de nosotros cargamos desde la infancia cierta resistencia a expresar nuestros verdaderos sentimientos afectivos. ¿Cuál ha podido ser el mensaje que aún resuena en nuestra casa mental?
"Si me dices alguna cosa que yo no quiero oír o me cuentas algo vergonzoso, te castigaré y no te hablaré  más"  Esa advertencia severa que recibimos cuando éramos criaturas por haber sido honestos en cuanto a nuestros sentimientos, puede haber dejado una marca profunda en nuestro inconsciente.
El no revelar lo que creemos en nuestro interior nos hace creer que conseguiremos un escudo protector impidiendo que nos ofendan, hieran o abandonen. Mantener esa barrera entre nosotros y los demás nos impedirá disfrutar de relaciones sanas, sinceras y de mutua confianza.

Para poco nos sirve si pasamos a vivir aisladamente y evitando a todo el mundo.

 La medida cierta para quien ama es no temer y mostrar al otro lo que siente, como piensa y actúa. Podremos haber perdido algo en apariencia externa pero nos hemos lucrado mucho más en fuerza interior, seguridad, firmeza y respetabilidad. Para tener relaciones agradables y gratificantes con los otros, debemos  primero sentirnos bien con nosotros mismos.

Esta fábula tan antigua revela que, a pesar de los siglos aún vivimos una manera neurótica de amar  y de ser amados, y que las dificultades en el campo de la afectividad continúan las mismas.

Cuando la pasión nos envuelve precisamos imponer límites, no decir adiós a la prudencia  y jamás perder la dignidad, sea por el motivo que fuera o por quien quiera que sea.


La fábula es obra de La Fontaine, el comentario de Hammed y la traducción mía.

sábado, 29 de diciembre de 2018

Ayer la vi.

Imposta tanto que, a veces, siento un poco de ternura por la fragilidad que esconde su impostura: esa argamasa de interés, necesidad y astucia,  y  todo ello sin ser connivente con su actitud y sus pretensiones.

Ha llegado a tal grado de perfección en sus movimientos, imitados sin hartazgo ni censura; en sus giros elegantes, su cadera cadenciosa, sus modales medidos y las palabras suaves con las que acaricia los oídos de quien la escucha que casi ha logrado ser más interesante que la original, aunque no sea  más que una copia de lo que idealiza y un menosprecio de su ser real.

Hubiera podido ser la mejor relaciones públicas, la vendedora número uno del mes todos los meses del año y,  sin embargo, se ha acomodado a ser la mano que mueve una marioneta con la que evita los golpes del destino sin que a ella misma le rompan la cara jamás.

Aunque sea  posible engañar a muchos mucho tiempo no es posible engañar a todos todo el tiempo, a la larga lo artificial no puede suplantar lo auténtico. Entonces, ella imposta con más gracia, con más donaire, con más intensidad y algunos vuelven a creer en su impostura un tiempo más.

Anoche, se colocaba el abrigo con tal gracia, que yo siento de verdad que sea de mentira. Y siento que no haya tenido el valor ser quien es  y  de reconocer su limitación humana porque la hubiera hecho más libre y más feliz;  hubiera ganado credibilidad entre los propios y respetabilidad ante los ajenos sin ninguna necesidad de negarse a sí misma, lo cual  es tanto como confesarse falta de valor cuando no es cierto. Su  clasismo acaba con ella: su necesidad vanidosa de mirada continua sin tomarse el oficio ni el trabajo de cultivarse por dentro y correr el riesgo de dejarse ver.

Lo peor de todo es que en esa carrera no cae sola. Siempre encuentra un alma ingenua, carente, mentecata a quien seduce su artificio y que cierra los ojos ante la realidad dejándose conducir por el canto de la sirena, de la facilidad, del atajo, del camino corto.  Los daños son directos y colaterales, lo abarcan todo. De la misma manera que seduce y atrae, llegado el momento no le tiembla el pulso para rechazar y abandonar en el camino lo que ya no sirve o no interesa. Entonces, la seda se recama de espinas y lacera sin piedad, bajo la suavidad del terciopelo se escondía una mano de acero.

Caí en esa trampa hace muchos años. Cuando era una niña acostumbrada a dar servicio a mucha gente con dificultades que no supo enseñarme el límite entre lo aceptable y el abuso. Ella era repetidora, pero porque ella quiso no por otra cosa, y el orden alfabético la trajo a mi vida un año entero. De ella aprendí tanto que hoy  no me pesan los deberes que le regalé todo sexto, aunque entonces descubriera que el ser humano nace con la indignación de serie ante los abusos y la injusticia.
Por más que se haga luz de gas con el tiempo se termina por distinguir la verdad de la impostura.


Sé de mí...

Algunas veces, juego al que hubiera sido de una persona si hubiera nacido en otra época, si su condición de clase hubiera sido otra, si los ...