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Mostrando entradas de febrero, 2014

Batiburrillo

Sale el sol y hay que aventurarse a dejarse las pieles en casa. Apetece dar un paseo y contemplar la vida que circunda el poblado.
Nada más salir, los saludos de rigor con los vecinos a los que apenas he visto en estos meses pasados. Es increible, pero sé más de la vida de la duquesa de Alba y Belén Esteban que de mis vecinos. Y eso contando que veo la tele media hora nada más.
Comienzo el paseo y veo un poco más delante unos brazos moviendose como  aspas de molino,  haciendo grandes asparabanes. Tres señoras rubias de cierta edad hablan en la pequeña plazoleta que lleva a la estación de autobuses. En realidad llamarle estación de autobus es una exageración, porque apenas paran tres lineas y apenas por tres minutos, pero de alguna manera habria que distinguirla de las paradas del urbano. Porque mi pueblo es pequeño pero tenemos de todo, inclusive urbano y camión de bomberos. Hace bien poco pusimos unos semáforos que adornan mucho, a pesar de tener solo luz naranja; las habituales roja…

Cardiosalud

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Hoy escuchaba las recomendaciones de una especialista en asuntos del corazón. Dieta cardiosaludable.
 A saber:
-Reducir hasta anular la ingesta de sal.
-Evitar grasa saturadas de origen animal(adios a la barbacoa de Georgie Dann)
-La bolleria industrial, ni catarla. (Sin comentarios facilones)
-El alcohol, ni olerlo. (Salvo una copa de buen vino lleno de polifenoles mágicos)
Y en cambio:
-Beber mucha agua.
-Aumentar la ingesta de  grasas insaturadas.
-Incluir en la dieta  pan y pastas integrales.
-El aceite de oliva, el mejor.
-Hacerse fans del sabor a poliespan, es decir  del pavo y la pava.
-Tirar todas las sartenes y quedarse solo con la plancha, el horno y el vapor.

Y todo esto esta muy bien, pero me pregunto si no influirá en nuestra salud cardíaca, tanto  los alimentos prohibidos como el cómo, el donde y con quien compartimos mesa, mantel y vida.

Tengo la impresión de que estas últimas variables influyen tanto o más que la manera de cocinar.



Quiéreme entera...

Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra…
si me quieres, quiéreme negra
y blanca. Y gris, y verde, y rubia,
quiéreme día,
quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta!
si me quieres, no me recortes:
¡quiéreme toda… o no me quieras!
Dulce María Loynaz

Pregunta

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Siento cuando no escribo que enmudezco, que el espacio de aire que necesita de mi lengua y mi palabra  se queda descolorido y vacio, que  atascado entre mi corazón y mis dedos aquello que no digo acaba por formar un nódulo artrítico que me duele y me deforma.
Cada vez que callamos, que dejamos de compartir esa parte única de la vida que nos habita en régimen de alquiler, nos achicamos un poco.
"Hay que hablar", es la frase que más he escuchado en los últimos días. "Hay que hablar". Pero no hablar de lo que se espera, se sabe, que por repetido satura, hay que atreverse a comunicar aunque lo que nazca de nuestros labios nos deje sorprendidas en primer lugar o nos enrevese la vida. Hay que hablar con las manos, con los ojos, con los codos o con las orejas, pero hablar comunicar, no dejar de ser, no dejar de estar.
Esta plaza de pueblo, este foro de lesbianas fue durante mucho tiempo un maravilloso café de todas y donde
hoy apenas se escucha la música  de alguna cuchar…

Somos palabras

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La vida no es más que una larga conversación a varios labios. Una conversación repleta de palabras  que cobra sentido en los espacios, entre los silencios que la conforman, que la tallan, que la esculpen, que la respiran. A veces esa conversación se embrolla, se agrieta, se desluce y nos desescribimos en minúsculas y entre paréntesis hasta recargarla  de sentido o de mentiras. Palabras que se pronuncian a gritos mudos y secos, entre susurros, en tonos húmedos de alta y de baja voz que toman cuerpo y sentido en la espera, en la escucha, en una danza libre boca-oreja.
 La vida no es más que un largo soliloquio con quien se ama, se odia o se teme; una conversación de gestos, mímicas y lenguas varias; un diálogo de sordos la mayor parte del tiempo y si acaso hubiera o hubiese suerte y el viento soplará o soplase a favor, un recital de poesía a dos voces, a un tiempo y a un aliento.
 Eso si  alguna vez hay favor, viento y poemas que navegar.
Parece difícil. Pero a veces pasa.