domingo, 20 de agosto de 2017

Barcelona 2017



La ausencia de guerra entre las naciones no ha transformado a los hombres en menos belicosos. La violencia, típica solamente del ser humano, discurre de su capacidad de pensar. Le lleva a tomar por la fuerza lo que podría pedir, a agredir cuando debería dialogar, a crecerse  porque cree que es la única forma eficaz de conseguir lo que desea.

¿Qué pueden desear quienes usan un vehículo de trabajo como un tanque de guerra? ¿Qué deseo les empuja? ¿Qué odio abrasador? ¿Qué mente alucinada puede concebir  semejante plan? ¿Qué acúmulo de iras, de resentimientos, de odios dan lugar a un crimen tan atroz ?

Y en quienes manifiestan una justa  indignación ante la injusticia derivada de este hecho, también quienes estos actos  despiertan una violencia que aguarda ocasión para  justificarse a sí misma.

 "Para acabar con los caníbales lo mejor es que nos los comamos a todos."

¿No es violencia? ¿No nace del mismo lugar? ¿No tiene de la misma nacionalidad, la misma patria, parecida religión?

El ser humano es una especie natural que debería comportarse ya como una especie no-natural, sino racional, sometiendo al instinto a la razón. Mientras tanto la violencia campeará a sus anchas en abierto o con máscara. En puro libertinaje.  Sin razones. Sin razón. Y seremos seres desnaturalizados. Aunque en evolución. Porque nunca se vió tanta violencia como en nuestro tiempo y tampoco se vió nunca tanta solidaridad y tanta abnegación.

Todo mi apoyo para las víctimas.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Dolor de envidia


Los niños se han convertido en un bien escaso. Antes los pobres los tenían a montones. De hecho, creo que de ahí viene la palabra proletario,  de quien es tan pobre que solo tiene a la prole (palabra que se encuentra moribunda,  porque ya no  hay proletarios ni obreros, todos somos clase media burguesita).

Hoy entre los pobres no sé, porque siempre han sido unos inconscientes, pero entre la clase media pobrinha tener hijos es para pensarlo. Horarios de trabajo inteminables, hipoteca, poca ayuda familiar, guarderias caras...Los niños acabarán convirtiendose en cosa de ricos.  Hasta eso nos van a quitar. La vida al revés. Vivir para ver.

En mi familia hay dos pequeños y muchos adultos que tratamos de pasar con ellos el mayor tiempo posible, porque les queremos, porque  aligeran la vida. Donde hay niños hay alegria. Aunque yo siento que están un poco solos. No tienen muchos amigos. Contados los del cole y en vacaciones no coinciden con ellos.

Cada vez que tengo oportunidad salimos e inventamos juegos, cuidamos de las gallinas, regamos las plantas, vamos a correr o a nadar y al menos por un rato no tienen la table en la mano.

En las fiestas del poblado fuimos a dar una vuelta por la feria y en las camas elásticas el niño, que tiene siete años, sufrió un levísimo percance y una más leve escoriación en un pie, cosa que le privó de subir a los hinchables con su hermana que se lo pasaba pipa, mientras, él, sentado en una silla con cara de rasilla, se sorbía los mocos.

-¿Te duele mucho?, pregunté.
-Tengo un dolor atroz, respondió.
-Entonces no podrás subir al hinchable del reloj no vaya a empeorar esa atrocidad.
-Me siento un marginado, refunfuñó.
- Hombre, un marginado sería si estuvieras allí sentado solo en medio de la plaza, pero aquí instalado en una cómoda butaca rodeado de abuelos solo pareces uno de ellos.
Y ya con un cabreo considerable, terminó diciendo que no continuara con aquella burla, que bastante dolor tenía él.
-Tan atroz es el dolor? pregunté.
- Sí, me dijo. No sabes que atroz es este dolor de envidia que siento ahora.

Pobrecico

martes, 15 de agosto de 2017

Pan de hoy...

Siempre fue así. Yo te miraba desde mis calcetines cortos sentada en la escalera de la entrada. Tú paseabas moviendo las caderas con ese swing tan tuyo que podría distinguir entre una multitud. Y solía salir detrás de ti, cuidandome mucho de que no me vieras, moviendo las caderas de forma exagerada y haciendo posturitas. Yo no lo sabía, pero me caías mal. Imagino que porque eras un espejo donde me veía crecida y yo me había propuesto no crecer. En realidad, no sé si a quien le hacía burla era a ti, a mi destino o a mis caderas.

Y siempre fue así. Yo te miraba desde abajo, con mi vaso de nocilla lleno de gaseosa y una pajita mientras tú tomabas una de esa copas de cristal finísimo con dos dedos y saboreabas aquel vino del que parecía que no existieran más de cien botellas en el mundo.  Y digo cien cuando pudiera decir cinquenta o una sola botella, porque creo que eso sería exagerar y siendo tan sibarita...no eres ninguna tonta.

Y así  fue siempre. Yo  te quería desde la admiración, desde ese lugar desde el cual no es posible encontrar a un par, a una par. Hubiera sido mejor valorarte en lo que eras, en lo que siempre fuiste, en la realidad y no desde la fantasia falta de imaginación de mis rodillas al aire.

La primera vez que visité tu ciudad fue un aniversario especial para ti. Y yo creí (porque entonces aún creía en el destino) que aquella señal no podía ser en vano. Y soñaba que aquel aniversario también fuera nuestro. Pero sigue siendo el aniversario de aquel día, de aquel año.

Tu ciudad me impresionó, lo cual no es mucho decir teniendo en cuenta que a mi me impresiona cualquier lugar con más de cinco casas y un bar. Pero en honor a la verdad, es una ciudad muy bonita. Con un punto urbanita que la hace distinguirse entre las poblaciones de alrededor.

Tu rodabas, como ahora, con la vida fluyendo tras de ti, como levitando, sin mochila, como las personas educadas para avanzar sin tropiezos a pesar de los escollos. Yo llevaba mi vida a brazos, envuelta en una manta,  en vilo, sintiendo como caía una gota constante a mi halda, no sé si de agua, de leche o de vino, persiguiendo la vida sin que ella me tuviera en cuenta, como las personas que no saben mirar hacía delante porque caminan con un ojo abierto y otro cerrado, como duermen las liebres.

Y siempre fue así. Bueno, no siempre. Hubo un tiempo en que nos quisimos sin querer. Como por casualidad. Como en las películas que tanto daño han hecho a los amantes pasajeros que quisieron ser eternos. Y recuerdo como perdimos el temor  y nos embarcamos sin  pudor en conocernos en un camino de tierra para el que no existían kilómetros.  Y yo perdí un calcetín y la pajita en no sé que calle y me agarre a los látidos de tu corazón aquel día que golpeaba tan fuerte en mi mejilla. Y creí que era por mi, porque yo seguía creyendo en el destino. El mío, saltaba con una contentura que no le noto hace tiempo. Desde que no te veo.

Y será que no tiene que ser, aunque no crea en el destino. Y será que cuando te llega ni aunque te quites y cuando no quiere ni aunque te pongas. Será. Pero te echo de menos. A ti y a quien soy cuando estaba contigo. Y me gustaría compartir el pan  todos los días, compañera. Pero a ti, a ti no te gusta el pan por más que yo me haya aficinado al buen vino.


jueves, 3 de agosto de 2017

¿Cómo puede ser ausencia?

¿Cómo puede ser ausencia una ausencia en que la muerte me priva de verte, pero no de tu presencia? Si llevo en mi tu existencia como lucero escondido que íntimo y sumergido sabe mi vida alumbrar, ¿cómo es posible pensar que al morir te has extinguido? Elías Nandino

Barcelona 2017

La ausencia de guerra entre las naciones no ha transformado a los hombres en menos belicosos. La violencia, típica solamente del ser hum...