miércoles, 15 de junio de 2016

Redes de aire

Algunas veces salgo de mí  cuando caigo de nuevo en la red de quien no me comparte el mar. Luego suspiro y se me pasa, porque acabo cayendo en que también hay responsabilidad en quien da alas y te roba el aire.
 

martes, 14 de junio de 2016

Cuatro

No me ahoga el amor que no me dan. Me ahoga el amor que no doy.




Exhumar

El pasado, si bien guarda las virtudes de la experiencia, no siempre es el mejor conductor de la vida hacia el futuro. De cuando en cuando es imprescindible exhumar el corazon de aquello que lo entorpece y  nos amortaja el alma. Sin renovación no hay mañana.

La escuché...

Pocas veces la escuché quejarse de su suerte, sin embargo, ante un Siroco en contra que no cesa, cualquiera tiene una queja que lanzar al aire. A pesar de todo, nunca la sentí amarga, ni amargada. Algún momento de su historia hubiera podido reescribirse con letras más amables y no es poco probable que de poder echar atrás algunos renglones se hubieran enmendado,a pesar de todo su vida le fue siempre propia,  reflejo de su elección entre la libertad del deber y la libertad del querer.

Arrepentirse es útil de cuando en cuando, pero arrepentirse a toda hora es terco y dañino.




domingo, 12 de junio de 2016

De locos y cuerdas

El loco anda suspendido de tiempo y cordura, Diógenes casi mendigo de lo que sobra. Helo ahí  tironeando de un cable quemando confundido con un hilillo de vida,  suspirando a deshora entre carbónicos, recorriendo en linea recta un laberinto de infinitas calles torcidas e iguales.

Como al  loco le  regalan  tiempo y  desierto entró dentro de un reloj de arena muy fina que le quema los pies las horas pares y  el cerebro las impares, mientras cae indefectiblemente de una copa a otra copa.

El loco desnudo solía darle cuerda de cuarzo a la cuerda y la cuerda a destiempo corría tras él  tratando de hacerle vestir aunque fuera a la fuerza  su propia camisa. Camisa de cuerda para un loco muchas tallas mayor.

La cuerda le creía sordo porque  nunca escuchaba. Le ataba de manos, pero el loco bailaba claqué. Le amarraba  los pies, pero sus ojos soñadores veían más allá. Le vendaba las niñas, pero escupía poemas de amor. Amordazaba su boca y al loco le crecían  alas.

Hasta que un día de ayer,  desarmado  muy cerca del sol con la cera derretida y los labios agrietados de  una suspendida arena de agosto, el loco se llevo las manos a ambos lados de la cabeza y el siroco calló, se cayeron las vendas y  se suspendió el tiempo...

Dejó de darle cuerda de cuarzo a la cuerda,  se desató los  cordones y se dejo atar al mástil  para desasirse las alas del cable,  los pies de la arena, de las manos del hilo y la boca de una boca que solo a oscuras  no siente vergüenza.

Al loco le han cortado las trenzas y siente frió en el túnel de  las orejas, pero ahora es un cuerdo feliz. Tan feliz que lo mismo, lo mismo se vuelve loco de amor por sí.

Ahora la cuerda se acurruca al lado del cuerdo sabedora de que la inteligencia alumbra pero no lo hace sin el óleo del amor. Sin el sacrificio de la energia no hay luz.

La locura, desde el otro lado de la calle, suspira profundo y se ríe como si fuera quien es. Nadie sabe de qué.