lunes, 26 de mayo de 2014

Hechizos y rituales

Martina  sentia una verdadera adoración por los rituales. En su caja de los milagros se podia encontrar de todo: cintas de colores, velas, piedras volcánicas, plumas iridiscentes,  bigotes de gato viudo, pétalos de flores de nieve, estampitas de todos los santos y santas nacionales e internacionales.

Conocía todos los ritos habidos y por haber. Ante cualquier  decisión, por nimia que fuera, abría su libro de hechizos y el ritual de turno le proporcionaba la seguridad que no hallaba en si.

- No le hago daño a nadie.- respondia siempre que se le cuestionaba su  "vicio".

Desde poner una cinta verde y tres velas blancas junto a la foto de la abuela en las revisiones médicas hasta encende una velita azul para aprobar los examenes; agua a serenar en la noche de San Juan, maravillosa para las arrugas; escribir el nombre de quien le gustaba en un papel de seda de lunares y envolverlo con  cinta roja;  tres deseos escritos en un papel de charol fusia con un rotulador color champan y dejarlo macerar junto a los bigotes de gato viudo las tres primeras noches de luna nueva...

Se volvia loca a última hora del dia de nochevieja tratando de encontrar unas bragas rojas; naturalmente tomaba las uvas y algún año estuvo a punto de estropearnos la noche cuando olvidó que la copa de cava llevaba su anillo de oro y la bebió de un trago,  porque  hacerlo de esa manera también traía suerte.

Nada la detenía en su busqueda, ni subir a un monte helado en chanclas, ni atravesar un rio atestado de pirañas y cocodrilos para encontrar una piedra especial o robarle el incisivo superior a algun saurio si era imprescindible para su "felicidad".

Una mañana Martina escucho hablar a dos ancianas mientras esperaban la llegada del autobús.

-Uhm, parece que hablan de algún un ritual colectivo que desconozco!¡¡para cambiar hasta el precio de la luz... nada menos...acercaré la oreja.

En resumen lo que escuchó puede resumirse en:

Salir a pasear una mañana de domingo; buscar un papel blanco, rectangular  con algunos nombres escritos en negro y ponerlo en un sobre blanco, cerrar el sobre y depositarlo en una cajita de cristal con o sin tapa rosa; dejarlo sumarse a otros deseos depositados allí. Agitar y esperar.

Qué decepción inundó a  Martina. Es imposible cambiar la vida  con un hechizo tan pobre. Si al menos hubiera que llevar bragas rojas todavia, pero tan fácil no puede ser. Y aquel domingo no salió de casa no fuera a ser.


3 comentarios:

  1. Una pena que tantas Martinas desilusionadas se quedaran en casa.

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    1. Y sigo sin entender el porqué de ese quedarse en casa. Se achaca al desanimo, a la decepción pero se ha visto en estas elecciones que se puede mover el tapete. Ese lloriqueo constanten de la sociedad que mira hacia otro lado y tiene vocación de víctima pero ni lo más mínimo se decide hacer.
      No lo entiendo. Es tan fácil como salir una mañana de domingo e introducir una papeleta en una urna. Se creyeron de niños que un pinchazo de la aguja puede hacernos dormir y un beso despertar. Al parecer la mitad de la población sigue esperando que el principe se presente en su casa con un caballo blando y les cambie la vida.
      En fin..
      Un beso, Rosa M.

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  2. Por lo que veo alrededor hay mucha abstención entre los más jóvenes, aunque sea para mostrar la disconformidad con todo, y con todos, mejor ir y meter el sobrecito.
    Un petonet,

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