martes, 8 de febrero de 2011

La gata mujer

Una gata mimosa, bella y delicada era para su dueño la cosa más amada que habia en este mundo.
Y el hombre desvariado e inconsecuente amaba perdidamente a esa gata más allá de los límites de lo que es normal. Un día irguiendo los brazos al cielo y, en prece, implorando a los dioses auxilio, hizo promesas, oraciones y magias. Tanto hizo que consiguio de los dioses que aquel felino se transformase en mujer: una dama lindísima, una bella mujer, como convenia a todo hombre.
Ciego de amor se casó con ella. Hombre apasionado, marido cariñoso, él la adoraba, embebecido por la belleza de aquella, cuyo origén felino él había olvidado completamente. Para el hombre ella era una mujer igual a todas las otras.
Una noche, en cambio, algunos ratones entraron en el cuarto conyugal. La mujer sintió la presencia de estos y, siguiendo sus instintos de gata, comenzo a cazarlos. Arqueada y agresiva,  se lanzo sobre los ratones, que escaparon por un tris.
Ella no lo consiguió la primera vez, mas en la noche siguiente, con los sentidos más agudizados por la experiencia de la víspera, asi que los roedores aparecieron, saltó del lecho y, en posición felina arremetió contra ellos y los capturó.
Después de conservar por mucho tiempo un licor, el vaso continua guardando su olor. No pierde el paño la antigua doblez, por más que se intente estirarlo; pasado un tiempo, él la recobra.
Lo natural no sufre estremecimiento cuando escondido. Solo descansa. Subitamente entra en danza, y no hay como refrenarlo, ni a bastón, espada o lanza. Se cierra la puerta con llave y  ¡mira sale por la ventana!.


Jamás deberiamos permitir  que los delirios ajenos nos lleran n a vivir de un modo que no coincide con nuestra naturaleza, que nadie nos induzca a ser o  a comportarnos  como ellos piensan que deberiamos hacerlo, como debemos hablar o con quien.

Lo que es natural e instintivo no se elimina, se equilibra. Se puede tallar la madera pero no se cambiar su esencia. No se puede cambiar la realidad externa simplemente por creer en esto o en  aquello, por prejuicios o caprichos personales.

La fábula es de La Fontaine y el comentario de mi amigo Hammed

2 comentarios:

  1. ¡Y el gusto es mio! me ha encantado Cereza... gracias por compartir :)

    besitos

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  2. Me alegra que te guste, es una mis fábulas favoritas y una de mis referencias en la vida diaria.
    Soy muy fabulera, pondré algunas de ellas de vez en cuando.
    Besitos

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