No me aburro

No hay como pasar un par de días en la sala de espera de la UCI para darte cuenta de lo estupenda que es la vida aburrida que llevabas ayer. El aburrimiento que sentiste el fin de semana es lo que más esperas seguir disfrutando  el fin de semana que se aproxima.
Hacia mucho tiempo que no volvía al hospital con el alma en un hilito y juro por las diosas que no lo echaba de menos.
Afortunadamente todo ha quedado en un susto y después de ducharme con estropajo de níquel para sacarme el miedo y el calor insoportable y pegajoso del hospital y aunque me he pillado un resfriado  del 15, estoy feliz y espero que dure.

Mientras esperas horas entre la silla y el pasillo, conoces gente, alguna muy buena gente, de hecho tengo muy buenas amigas que tal vez por habernos conocido en momentos duros son de otra pasta. Y también,como no, ocurren situaciones graciosas, porque la risa no falta ni aún allí.

Esta vez el punto lo ha puesto una señora de unos 70 años que estaba a la espera de noticias de su marido y mientras tanto me ha contado todas las batallitass que se pueden contar en 36 horas que ha pasado por allí.

El momento ¡que me cuenta esta señora! ha sido mientras me enumeraba sus cifras de glucosa ¡de todo el día anterior! lo extrañada que estaba de tenerlas tan altas a la hora de la comida, pq según ella, solo se desayuna una tacita de leche y unas galletas de tergal.
¡¿De tergal?!
-¿Señora María como son esas galletas?
-Pues hija de esas de tergal, que llevan como pajita dentro.
Acabáramos, ¡¡de integral, señora María de integral, que de tergal eran los pantalones de mi abuelo!!

En otra ocasión estando en planta, compartiamos habitación con un señora de unos 80 años, muy pizpireta y sus hijas que éstas si eran una brujas y la dejaban sola a cada rato.

La llevaron hacerle alguna prueba y cuando regresaron las hermanastras de cenicienta, la señora no estaba y preguntaron a la enfermera que corría por el pasillo, donde se habían llevado a su mamá.
Entre las enfermeras es corriente que ante esa pregunta te contesten  que la han llevado hacerle una placa de tórax, sea o no sea.
Las pobres mías estaban fuera de si, quisieron ir a ponerle una denuncia al juzgado a la pobre enfermera, al hospital y a Ramón y Cajal si hacia falta.

Yo mientras tanto bizca y estupefacta me estaba quedando.

Si, Cereza si, me aclararon por fin, ¿que para qué se llevan a mi madre a una plaza de toros? decian chillando, ¡que mi madre no es un tooorooo!

Pude aguantar el pis un rato y tentada estuve de dejarlas ir a poner su denuncia y que me dejaran reirme a mis anchas un poco más...

Comentarios

  1. Cierto Wertana, creo que la vez que más me he reido, hasta casi no poder soportarlo más, fue en una habitación de hospital con una de las compañeras de habitación que estaba recuperandose de un problema de órdago. Eran las 4 de la madrugada y tuvieron que llamarnos la atención desde las otras habitaciones, que no estabamos en un bar, nos decian.
    besito

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  2. jajajaja me recordaste a una vecina que estaba preocupada por su cuñado, que tenía "metáfora"... en lugar de "metástasis", el pobre.

    Sí, la sala de espera de un hospital, centro de salud o aeropuerto dan para mucho.

    Espero que el susto pase pronto.

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  3. *Gracias Morgana, el susto de ayer ya paso y espero que el de mañana tarde mucho en llegar.
    el tiempo de espera también es un aprendizaje interesante.
    besito.

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  4. Jajaja, no me puedo creer esto de la plaza de toros, jajajajajaja!

    (Espero que todo siga bien por mucho tiempo, sin más sustos)

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  5. ami, cada vez que me acuerdo me da una risa terrible, eran muy simples la pobrecitas.

    ¡Y que las diosas te oigan!
    Besos varios

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  6. Cuando uno mira o se sumerge en la vida no hay lugar para aburrirse y sí mucho para plantearse y reirse.. un beso..

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  7. Ico, me da el palpito de que tu tampoco te aburres, ¿verdad?
    Un abrazo fuerte.

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