viernes, 6 de mayo de 2011

Retales

A veces me sorprendo a mi misma con algún brote de homofobia interiorizada que anda pululando en mi pensamiento interior.
Fue hace unos días que me sorprendí cuando vi a dos niñas en un parque haciéndose carantoñas y  besándose abrazadas.
Una de ellas no tendría más de  quince o dieciséis años y la otra más chica unos trece. Y me sorprendí pensando si no estaría aprovechando la mayor de la ingenuidad de la pequeña.
En un primer momento no me pareció que mi pensamiento fuera extraño en mi, pero al rato me soplo el aire una pregunta, ¿si en vez de ser dos niñas hubieran sido una pareja heterosexual, habría pensado lo mismo? Y la respuesta es que no, tal vez si hubiera pensado que son muy jóvenes todavía para meterse  en estos berenjenales, pero no hubiera pensado en astucia e ingenuidad como lo hice.
Cuando los prejuicios están tan introducidos en la cultura propia, son como corchos en el agua, tratas de llevarlos al fondo del mar y cuando sales están de nuevo ahí, emergen  antes que tu.
Al menos creo que me di cuenta de la procedencia de aquel pensamiento, pero ¿cuantos más se cuelan en el día a día y no los percibo? Prejuicios de todo tipo, que caminan mano a mano con mis defensas y que en algunos casos son similares a mi  alergia, están tan confundidos que hasta las flores les parecen terroristas, ven enemigos hasta en lo más dulce.

7 comentarios:

  1. Sí, entiendo lo que escribes.
    A veces es como cuando tratas de sacar a tu mascota de casa, la llevas hasta afuera y te devuelves de prisa para encontrarla adentro. Lo malo es que esta mascota no es dulce, es cruel.

    Yo por mucho tiempo sostuve que antes de los 18 imposible sería definirse como gay... y con el tiempo rectifiqué tan absurdo pensamiento pues cuantos novios no tuve y tuvimos mis amigas y yo en el colegio. ¿Es extraño, no? Y cuanto tiempo perdido, si la adolecencia adolece de todo menos de libertad.

    Un saludo

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  2. Es verdad. Tenemos muchos prejuicios muy arraigados sin que nos demos cuenta. Lo bueno es que cuando nos vamos haciendo conscientes de ellos, podemos sacudírnoslos. Como dicen, el primer paso para resolver un problema es reconocer que se tiene un problema.
    Yo me recuerdo como una adolescente algo homofóbica... la cosa es ir creciendo y madurando :)

    besos

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  3. Es un largo camino este de deseducarse. Largo largo, no sé si basta una vida. Lo bueno y lo importante es emprenderlo y ser conscientes de cada vez más prejuicios.

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  4. *SimpleDay, puede parecer dificil porque en la actualidad aún lo es y mucho reconocer lo que se es por dentro y lleva su tiempo, pero aceptarse es imprescindible para vivir con un mínimo de sanidad mental. La adolescencia ya es dura en la heteronorma, en los márgenes es todavía más dificil, pero como aquello que no te mata te fortalece, ahora no me cambiaria por nadie.
    Un besito guapa.

    *Pena, sabes que a veces me doy cuenta de cuan prejuiciosa soy?, me da rabia serlo, porque es injusto y poco inteligente, y porque ser discriminada siempre duele, me enrabieta más el haber discriminado por no pensar por mi misma.
    Tienes razon en que reconocerlo ya es un paso importante.
    Besos madrina.

    *ami, ya me recordaste en una de tus entradas aquello de como aprender a desaprender como se aprenden las cosas. Cuanto tiempo perdido, ¿no crees?

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  5. Qué bien lo has descrito con el corcho, siempre salen a flote, incluso en los momentos más íntimos e insospechados,..lo bueno es saber racionalizarlo y saber su procedencia...lo malo es cuando se siente y no se piensa sino que se interioriza construyendo una personalidad contra ti misma.

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  6. Pena llamando a cereza... pena llamando a cereza... qué es de ti niña?

    besos

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  7. Supongo que aún estamos en pañales con esta rápida evolución.
    Y supongo que cuando lo veamos 1, 2 ,3...veces ya no lo vamos a plantear, no es fácil quitarse el lastre de nuestra cultura-religión.
    saludos

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