¿Se autorregula la vida?. ¿No estaré perdiendo el tiempo tratando de controlar aquello que no es controlable?
La naturaleza es resiliencia pura, confianza en el tiempo, amor sin condiciones.
Tiras piedras a un árbol y destrozas los frutos, el próximo año seguirá ofreciéndolos para ti. No regateará contigo, no los esconderá o te mentira sobre ellos, no guardará rencor por tu faena antigua. Sencillamente los ofrecerá cada temporada, según su condición, en su estación y en su especie.
Lo que haces con él habla de quien eres tu, no de quien es él.
Brotarán sus flores, serán fecundadas y sus frutos crecerán al amparo de su savia. Hasta ahí su misión.
No envidiará la cosecha de otros árboles u otros vegetales, no querrá ser olmo si es roble, ni cerezo si es castaño, no buscará tener unas ramas más fuertes que otros, no cambiará su tronco rugoso o liso, no deseará ser otra cosa que aquello que es.
No se conocerá por sus ramas, ni por sus hojas más o menos brillantes, ni por la vetustez de su tronco o por la lejanía de sus raíces, tampoco por sus flores o por los pajarillos que vivan en él.
Solo se le reconocerá por sus frutos, no necesita nada más. Vive su vocación sin problemas. Ofrece lo que es y no espera tener que tener o aparentar.
Si en lugar de poner un uniforme a cada ser que nace, presionando para que no se desvie de las normas y las reglas creadas para tener bajo control cada paso que se da, se le pudiera dar la bienvenida y preguntar que viene a traer, que nuevo espacio se a creado y necesita de él, dejando que aflore su verdadera esencia sería más fácil ser uno mismo en cualquier parte. Y no hay mayor felicidad que esa.
lunes, 25 de abril de 2011
domingo, 17 de abril de 2011
Zapatostones
Me siento en la necesidad de calzar todo tipo de hormas, hormas estrechas, anchas, altas y bajas, flexibles y rígidas, culpadas y culpables, inocentes y ligeras...
Andaba siempre descalza, los pies libres ya protegidos por una planta queratizada y protectora en que no era fácil clavar piedrecillas o arenas. Hasta que aparecieron los zapatos y nadie tomo en cuenta la libertad de aquellos pies.
Encarcelados entre aquellas paredes los pies languidecieron momentáneamente, pero por algo son pies y sostienen una estructura gigantesca ( tan parecidos a las hormigas chiquitas y poderosas para la carga imposible) se adaptaron en aquellas botas con plantilla para dejar de ser planos. Disciplina larga que logro su objetivo, ya no son planos pero no saben andar sueltos, una extremada sensibilidad se ha apoderado de ellos y cualquier contacto con el suelo frío o caliente les produce un gran dolor.
Ayer volví a subir en los tacones de la mediocridad y la mezquindad, uno para cada pie y me marche a caminar acompañada de otros tacones tan altos como los míos y tan tanto como ellos.
Pensé que no me sentiría cómoda en las antiguas plataformas (ya me parezco distinta) pero no fue eso lo que sucedió. Me apretaron un poquito de los dedos y traigo alguna rozadura y una ampolla en el talón, no obstante camine con ellos con más soltura de la que esperaba, sin excesivo dolor y me desespero por ello.
Justificaciones todas.
Creí que habían crecido mis pies, pero la flexibilidad del calzado les permite bailar con ellos aún así.
Parece que el cambio, no ha hecho más que perfilarse levemente.
Andaba siempre descalza, los pies libres ya protegidos por una planta queratizada y protectora en que no era fácil clavar piedrecillas o arenas. Hasta que aparecieron los zapatos y nadie tomo en cuenta la libertad de aquellos pies.
Encarcelados entre aquellas paredes los pies languidecieron momentáneamente, pero por algo son pies y sostienen una estructura gigantesca ( tan parecidos a las hormigas chiquitas y poderosas para la carga imposible) se adaptaron en aquellas botas con plantilla para dejar de ser planos. Disciplina larga que logro su objetivo, ya no son planos pero no saben andar sueltos, una extremada sensibilidad se ha apoderado de ellos y cualquier contacto con el suelo frío o caliente les produce un gran dolor.
Ayer volví a subir en los tacones de la mediocridad y la mezquindad, uno para cada pie y me marche a caminar acompañada de otros tacones tan altos como los míos y tan tanto como ellos.
Pensé que no me sentiría cómoda en las antiguas plataformas (ya me parezco distinta) pero no fue eso lo que sucedió. Me apretaron un poquito de los dedos y traigo alguna rozadura y una ampolla en el talón, no obstante camine con ellos con más soltura de la que esperaba, sin excesivo dolor y me desespero por ello.
Justificaciones todas.
Creí que habían crecido mis pies, pero la flexibilidad del calzado les permite bailar con ellos aún así.
Parece que el cambio, no ha hecho más que perfilarse levemente.
domingo, 10 de abril de 2011
Yo
Con aquella excusa de que es la primera vez que vivo esta vida, equivocarme tanto no debería ser tan traumático por lo presumible. Lo que no me parece hoy aceptable es cargar con los errores propios y ajenos y excusar al resto de copropietarios de sus responsabilidades.
Que esta bien que cada cual cuide su parcela vital, pero si te marchas constantemente a otro corral, tu casa queda medio en ruinas.
Es la ley de entropía que funciona contigo, sin ti y a pesar de ti. Aprendes a convivir con ella y a verle la utilidad, el interés, destripas sus razones y sus excepciones para entender que esta sucediendo y esa parte que hoy no eres capaz de ver pero esta funcionando o te enajenas con tus pasiones y cierras los ojos.
Desde que ha caído la venda de los míos, no veo más que escombros alrededor y un murmullo insoportable de reproches que no quieren callar. Como en las tormentas solo me queda esperar que amaine el viento y salga el sol.
Y mientras tanto solo deseo silencio.
Se ha caido el castillo de arena, que solo yo me empeñe en levantar.
Que esta bien que cada cual cuide su parcela vital, pero si te marchas constantemente a otro corral, tu casa queda medio en ruinas.
Es la ley de entropía que funciona contigo, sin ti y a pesar de ti. Aprendes a convivir con ella y a verle la utilidad, el interés, destripas sus razones y sus excepciones para entender que esta sucediendo y esa parte que hoy no eres capaz de ver pero esta funcionando o te enajenas con tus pasiones y cierras los ojos.
Desde que ha caído la venda de los míos, no veo más que escombros alrededor y un murmullo insoportable de reproches que no quieren callar. Como en las tormentas solo me queda esperar que amaine el viento y salga el sol.
Y mientras tanto solo deseo silencio.
Se ha caido el castillo de arena, que solo yo me empeñe en levantar.
viernes, 1 de abril de 2011
Gansa
De normal soy bastante pato pero la mayoría de las ocasiones que me permito despejar mi lado más salvaje lo que parezco es bastante gansa.
Cuando un alineación de planetas favorable se posa en mi sino (que no en mi signo), el espíritu de la inoportunidad me acompaña hasta que se vuelven a desalinear y van con viento fresco a fastidiar a otra.
En este mes de marzo se han dado varias conjunciones planetarias y me han permitido volver a comprobar como mi frágil fortaleza se da de bruces con la voluntad astral.
Para empezar me he pillado el pulgar de la mano derecha con la puerta del maletero de mi coche, no puedo culpar a nadie y eso me fatiga aún más. La uña esta tomando un bonito color granate y quién la ve y entiende de uñas "encarnadas" me pronostica que se va a caer.
Del sofocón que me pille, creo que es por eso, tengo unos hermosos herpes y llagas en la boca que me impiden reír, comer, hablar y claro ahora todo me hace gracia y debo reír diciendo juas, juas, juas y con la boca chica.
Acudo al médico a consultarle sobre toda esta flora y coincide conmigo en el efecto que maletero sobre dedo= producción herpes y demás molestias, pero cree conveniente hacerme unos análisis.
Cuando me señala que vamos a descartar el VIH, me brota otro herpe más. Me pregunta si tengo pareja estable y pues le digo que ni estable ni inestable y no que veo necesario gastar del erario público en análisis que ya le digo yo que están descartados, pero ella insiste.
Me receta una pomada y me voy a la farmacia. El farmacéutico es un chaval joven y muy agradable al que le gusta vacilarme porque me debe de ver inofensiva y aunque de normal me compongo muy seria solemos echar unas risas muy educadas.
Pero hoy mi parte gansa estaba por salir y al llegar a las puertas les he dado tres pases mágicos tipo ábrete sésamo (creía que nadie estaba mirando) y al entrar y ver al joven boticario partiéndose el pecho, me he debido poner del color de mi uña encarnada. Te concedo tres deseos, me dice, (que además de verme, me ha oído el muy cuco).
¡Anda ya boticario, dame esta crema y vuelve a la lámpara, listo!
A ver si en la próxima luna…
Cuando un alineación de planetas favorable se posa en mi sino (que no en mi signo), el espíritu de la inoportunidad me acompaña hasta que se vuelven a desalinear y van con viento fresco a fastidiar a otra.
En este mes de marzo se han dado varias conjunciones planetarias y me han permitido volver a comprobar como mi frágil fortaleza se da de bruces con la voluntad astral.
Para empezar me he pillado el pulgar de la mano derecha con la puerta del maletero de mi coche, no puedo culpar a nadie y eso me fatiga aún más. La uña esta tomando un bonito color granate y quién la ve y entiende de uñas "encarnadas" me pronostica que se va a caer.
Del sofocón que me pille, creo que es por eso, tengo unos hermosos herpes y llagas en la boca que me impiden reír, comer, hablar y claro ahora todo me hace gracia y debo reír diciendo juas, juas, juas y con la boca chica.
Acudo al médico a consultarle sobre toda esta flora y coincide conmigo en el efecto que maletero sobre dedo= producción herpes y demás molestias, pero cree conveniente hacerme unos análisis.
Cuando me señala que vamos a descartar el VIH, me brota otro herpe más. Me pregunta si tengo pareja estable y pues le digo que ni estable ni inestable y no que veo necesario gastar del erario público en análisis que ya le digo yo que están descartados, pero ella insiste.
Me receta una pomada y me voy a la farmacia. El farmacéutico es un chaval joven y muy agradable al que le gusta vacilarme porque me debe de ver inofensiva y aunque de normal me compongo muy seria solemos echar unas risas muy educadas.
Pero hoy mi parte gansa estaba por salir y al llegar a las puertas les he dado tres pases mágicos tipo ábrete sésamo (creía que nadie estaba mirando) y al entrar y ver al joven boticario partiéndose el pecho, me he debido poner del color de mi uña encarnada. Te concedo tres deseos, me dice, (que además de verme, me ha oído el muy cuco).
¡Anda ya boticario, dame esta crema y vuelve a la lámpara, listo!
A ver si en la próxima luna…
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