domingo, 8 de marzo de 2015

8 de marzo 2015

Cuando era niña y me preguntaban que quería ser de mayor, solía responder  que yo de mayor quería ser soltera por el mismo motivo que al comenzar a hablar era normal decir "he dicido", "he hacido".   Casi todos los adultos reían cuando me escuchaban porque de alguna manera entendían que se escondía detrás de aquella gracia, y lo subyacente era conocido por todos y lo escondido algo muy serio.
No se refería aquella niña al estado civil como profesión, aunque en realidad bien lo hubiera podido ser, porque si miraba alrededor no encontraba profesión de mujer a la que aspirar que no fuera la de casada o viuda. Las mujeres realizaban aquella actividad del matrimonio como un "todo en uno" que incluía todas las posibles etiquetas sociales.

"Ser hija de...", "novia de...", esposa de...", "madre de...", "abuela de..." Siempre algo de alguien.
Las mujeres no tenían nombre propio y desde la pequeñez de la infancia era posible descubrir las irregularidades tanto  de la vida como del lenguaje.

 Yo no quería pasar por la vida que mi madre pateaba ni por la que veía arrastrar a mis mujeres. Yo quería ser libre como lo era mi tía. Y mi tía era soltera. Y ello implicaba trabajar fuera de casa y aquella independencia económica, si bien no la libraba de la supervisión de sus hermanos, si le permitía un respiro, una libertad que yo desde mi niñez entendía como deseable, pese a que la educación social y familiar pasara por hacer desear un vestido blanco y un altar al tiempo de  huir de la  poco deseable etiqueta de "solterona"

Todo el proceso de lucha que acompaña la búsqueda de respeto e identidad sigue en pie, abierto desde perspectivas que incluso hoy pasan desapercibidas de tan respiradas.

Desde la perspectiva de género hasta un libro de matemáticas es un espejo de aquello que no se ve y que nos va a todos, porque la salud social e incluso individual del conjunto pasa  por darse cuenta de que precio se paga por ser hombre y por ser mujer envueltos en una nube  normada por otros, para otros tiempos y otros cuerpos.

El emperador va desnudo. Los niños lo ven.







2 comentarios:

  1. "De" cuando significa pertenencia compartida y amor me parece ideal lo malo es cuando cambia a posesión y por tanto inferioridad.
    Si aún es necesario celebrar el día de la mujer trabajadora es que seguimos perteneciendo al "segundo género", tanto solteras como casadas.
    Un petó Cereza,

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    1. Cada día, Rosa M., creo que veo más machismo alrededor. Hasta ahora estaba como un tanto contenido, pero creo que se han agudizado las diferencias y por supuesto las consecuencias de malentender las preposiciones. Ojalá sea solo mi visión más crítica al respecto la que produce que lo vea así.
      Un beso.

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