Permanecer o quedarse es una prueba de amor. ¿No lo será también dejar marchar...?
sábado, 21 de octubre de 2017
Desvincularse no es desapego
Permanecer o quedarse es una prueba de amor. ¿No lo será también dejar marchar...?
viernes, 20 de octubre de 2017
No me lo digas...!
-¡¿Te han despedido?!
-Bueno, para ser más exactas se ha terminado mi contrato.
-Pero, ¿te han despedido?
-Técnicamente, no. Pero no tengo trabajo.
Y con toda la indignación mezclada con preocupación que le cabe en el cuerpo, me ha preguntado que de qué voy a vivir ahora.
-Pues no lo sé todavía. Tendré que volver a buscar trabajo.
-No te preocupes, tengo un idea. Podrías venir a dar clases a mi escuela.
-Ay, si es que para eso hace falta un papel que te dan en la universidad...
Me ha mirado de arriba abajo y lo ha comprendido todo en un instante.
Como es muy teatrera, se ha llevado la mano a la frente y se ha lanzado al sofá.
-No me lo digas. ¡¡No fuiste a la universidad!!
-No.
Como se da cuenta de que estoy desconsolada, me siento desamparada y estoy muy triste ha concluido diciendo:
-No te preocupes, Cere, te puedes venir a vivir conmigo y seremos muy felices.
Es lo que tiene tener cinco años que imposible no es nada.
jueves, 19 de octubre de 2017
Consecuencias. Bertolt Brecht
se va agrietando...
Los labios, de no rozarlos con otros labios
se van secando...
Los ojos, de no mirarse con otros ojos
se van cerrando...
El cuerpo, de no sentir otro cuerpo cerca
se va olvidando...
El alma, de no entregarse con toda el alma
se va muriendo.
Bertolt Brecht
viernes, 13 de octubre de 2017
- ¿Porqué se acabó el agua en Marte?
Nadie le ha sabido responder.
Después se ha quedado hablando con un grupo de gente. Hubiera podido venderles la luna.
No sé si va a ser una eminencia o un sinverguenza, pero desde luego, de medias tintas no es.
domingo, 8 de octubre de 2017
Todo el poder para mí.
Cuando Diego tenía unos cuatro años jugabamos a luchar con dos armas mortales como eran los dos cojines del sofá de la abuela, sin que ella lo supiera. Cada vez que conseguía ganar para su terreno los dos trofeos, saltaba sin medida sobre el sofa mientras gritaba entusiasmado:
-"El poder es mío...",
-"Todo el poder para mí..."
Cuando yo se los quitaba por lo bajo (porque para algo era más alta, más hábil y tenía cuarenta años más), protestaba por mis malas artes.
Un día cansada de escucharle mencionar tanto el poder, le pregunté:
-Diego, ¿ y para qué quieres tú tanto poder, pequeño?
A lo que él y su sapiencia de cuatro años, perplejos por mi ignorancia, me respondieron:
-Ay, tita, porque quien tiene poder hace lo que quiere y quien no lo tiene hace lo que quiere quien tiene el poder.
Entonces la perplejidad era mía y me pregunté, de dónde habría venido este niño tan "viejo".
Y tan estupendo.
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