miércoles, 15 de abril de 2015
martes, 14 de abril de 2015
lunes, 13 de abril de 2015
Gabriela Mistral besa con besos.
BESOS
Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.
Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.
Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.
Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.
Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.
Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.
Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.
Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.
Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.
Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.
¿Te acuerdas del primero...? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenáronse de lágrimas tus ojos.
¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos... vibró un beso,
y qué viste después...? Sangre en mis labios.
Yo te enseñé a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.
Gabriela Mistral .
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.
Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.
Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.
Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.
Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.
Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.
Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.
Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.
Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.
¿Te acuerdas del primero...? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenáronse de lágrimas tus ojos.
¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos... vibró un beso,
y qué viste después...? Sangre en mis labios.
Yo te enseñé a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.
Gabriela Mistral .
domingo, 12 de abril de 2015
Farmacia de guardias
Entre la farmaceútica y su hija han convencido a la señora María para que vuelva a comprar el mismo medicamento que no quería llevarse. A veces no escuchamos, o escuchamos a medias o sencillamente creemos más a los de fuera que a los de dentro.
María toma un medicamento para su enfermedad crónica, desde hace años. La última vez que compró la caja de pastillas, le dieron una marca distinta. Claro que el principio activo era el mismo, y con tanta vehemencia le contaron el cuento que ella, que confía en su farmaceútica, se la llevó.
Pero desde que ha empezado a tomarlas siente molestias gastrointestinales y ella lo achaca a las pastillas.
Su hija, que ha escuchado cientos de veces que los medicamentos genéricos son iguales a los de marca, cree que se queja por llamar la atención y no la escucha, es más se irrita con ella y la farmaceutica refuerza esa creencia cuando insiste en que el principio es el mismo y no hay diferencias entre las marcas de genéricos.
Y si bien es cierto que el principio activo y la dosis son las mismas, tan bien lo es que el excipiente cambia de unas casa a otras, y efectivamente las últimas llevan aceite de ricino y este irrita bastante las mucosas, casí tanto como me han irritado a mi las dos jovenes y sobradamente preparadas tachando a María de tonta. Dos cucharadas de ricino les habría hecho tomar yo. Como poco.
María toma un medicamento para su enfermedad crónica, desde hace años. La última vez que compró la caja de pastillas, le dieron una marca distinta. Claro que el principio activo era el mismo, y con tanta vehemencia le contaron el cuento que ella, que confía en su farmaceútica, se la llevó.
Pero desde que ha empezado a tomarlas siente molestias gastrointestinales y ella lo achaca a las pastillas.
Su hija, que ha escuchado cientos de veces que los medicamentos genéricos son iguales a los de marca, cree que se queja por llamar la atención y no la escucha, es más se irrita con ella y la farmaceutica refuerza esa creencia cuando insiste en que el principio es el mismo y no hay diferencias entre las marcas de genéricos.
Y si bien es cierto que el principio activo y la dosis son las mismas, tan bien lo es que el excipiente cambia de unas casa a otras, y efectivamente las últimas llevan aceite de ricino y este irrita bastante las mucosas, casí tanto como me han irritado a mi las dos jovenes y sobradamente preparadas tachando a María de tonta. Dos cucharadas de ricino les habría hecho tomar yo. Como poco.
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