viernes, 4 de abril de 2014

Ocho minutos

Me bastarían ocho minutos contigo para saber la verdad. Podría jugármelo a menos pero no me parece justo. Tal vez porque no quiero darte ni más importancia ni menos. Porque diez minutos serían  darte sitio y cinco apenas invitarte a entrar. Tal vez porque esos fueron los minutos que mediaron entre tu calle y la mía. Entre tu petición y mi renuncia. Y no es rencor. He conseguido darle la vuelta. No tuvo nunca la fuerza de serlo. Nació  decepción y en el proceso de crecimiento no ha llegado a indiferencia, digamos que ochomesino ha  quedado en desapego.
O eso me gusta creer. Y como soy dueña de mis marcas me las marco como quiero.

Hoy te he visto desde lejos y me ha sorprendido la familiaridad de tu gesto. Como antes. Como siempre.   Me basta y me sobra  ver un simple movimiento en tu pelo y como se  inclina tu  cabeza hacia el lado izquierdo de tu cuello casi sin querer, para saber como te encuentras. Ventajas de las  muchas horas, de la mucha vida en crecimiento compartida.

He visto que no permitías que nadie se acercara o se interpusiera entre tú y él.

Debe tratarse de un tema importante. Estas tan  absorta..!Tanto que para ti no existe más aire que el que os envuelve. Te veo sonreír y tu mirada se ha hecho joven y tierna y cómplice. Resplandeces... No es solo una coincidencia. Estas enamorada. Me sorprende leerte el gesto y  me asombra verte sentir de nuevo, desde lo más íntimo y rebelde de ti.

Le miro y le reconozco en otro. Se parecen sorprendentemente.

Y paso de largo, en puntillas para no romper tu instante exclusivo, porque  soy consciente por tu fuerza en aislarle de que no se repetirá  a menudo y porque nadie puede entrar en esa atmósfera uterina y circular que has creado para él. No me perdonarías acercarme y robarte parte de los ocho minutos que él te dará.

Un momento después ya has velado tus ojos para que nadie vea en ellos lo que tu cuerpo no deja de gritar por cada poro. Inútilmente tratarás de  tapar ese volcán con un puñado de arena; esa inmensa felicidad que se te concentra dentro, con tapia blanqueada al exterior para que nadie vea.

Te reconozco el terreno, te he visto bragarlo con uñas y dientes y me emociona verte luchar otra vez y saber, porque lo sé, que volverás a lucharlo todo aun sin esperanza. Pero siempre has sido así, de esta manera. Allí donde hubiera una barrera imposible de  traspasar y con la que romperse la cabeza, estabas tú. Valiente. O simplemente terca.

Una lucha titánica. Una lucha llena de espuma que creíste mar y que solo se trataba de una pastilla efevercente en un pequeño recipiente de cristal.

Te acuerdas? Nosotras eramos diferentes, no nos separaría la vida por nada del mundo. Porque nuestro afecto era real y cierto. Y a los afectos de verdad no los devora el tiempo, ni la nada.

Es tu cumpleaños, te felicito por mensaje y me invitas a un café...Y te echo de menos... ¿y sabes, qué? Me apetece que me cuentes que esta vez es diferente.Como siempre...

Y sin tiempo.
Como siempre.

Hay batallas que no merecen la pena ganarse. Ni siquiera por ocho minutos.

3 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho, Cereza... como el anterior, aunque no sepa qué decirte.

    Estás en estado de gracia. Un abrazo.

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  2. Váaaaalgame, estás sembrá. Así, sin más.
    Besos.Lenteja

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