Ha pasado una semana y aún sigo soñando con los "creps de calabacín" que no llegamos a probar...
El
"seitán con verduras" y yo nos conocimos un mediodía de calor espantoso
en Mérida. Nunca es tarde si la dicha es buena y nos hemos hecho
inseparables. Aún mi cerebro se encuentra procesando y recuerda con
placer la excitación de saborear un alimento, cuyo sabor no es
comparable a nada que hubiera probado antes.
La comida vegetariana
no había pasado por mi paladar y ya era tiempo. Tanto que la cena la
apuramos en el mismo lugar. Shangri-la.
Del mismo modo Mérida no
había pasado por mis retinas y es absolutamente fantástica. Piedras
concretando planos romanos, que llevan siglos y siglos de miradas e
intemperie sobre ellas. Como testigos de la evolución de las costumbres,
las modas y las conciencias que no son tan diferentes a como puedan
parecer, de ello adquirí conciencia mientras "Hécuba" tomaba cuerpo en
una maravillosa actuación de Concha Velasco, que refrescó una noche
absolutamente "ardiente" en el teatro romano, sorprendiendo por lo
dicho y por lo hecho. Humanidad en estado puro. Tragedia y emoción que
provocaron un aplauso interminable. Una recarga de energia en el
sentimiento común compartido. El calor sofocante perdió el protagonismo
absoluto del día y de la noche, mientras en ese escenario maravilloso
se desarrollaba en escala la vida misma.

De Trujillo
me admiró su plaza y la paciencia de mis compañeras de disfrute en la
espera del condumio. Y que por otra parte son ellas y Rudolf Pegaso, quiene en la valoración y escala
de "Tripadvi..." merecen la calificación de muy óptimas: por la perfecta organización
del viaje, por las risas compartidas, por la naturalidad, por la
entereza ante los más de 40º casi constantes en un día que no traía
noche, por ser tan autónomas y a la vez tan acogedora como son y se muestran..
Un viaje para recordar y repetir con mayúsculas.. mientras sigo sin quitarme del pensamiento esos creps...