domingo, 26 de octubre de 2014

parajear

El lenguaje me rodea, tiende a volar en bullicio entre los pájaros y las jaulas de papel de las que huyen temerosos. Se persiguen entre las palabras y estas  acaban enredadas en sus plumas. Se elevan entre  insensatos y temerarias. Todo son pájaros marcados por alegres vírgulas planeando en vuelo ligero, atravesando el aire o la  lluvia mansa cuando tiene a bien visitarnos.  Gorgojean con estrepito en las tormentas de verano, al punto de parecer chicharras. Llega el otoño y tararean. Muchos y algunas  rulan y cantan, se reciben, se despiden,  se elevan, descienden, juegan, se  posan y se desposan hasta que al anochecer aguardan a los  autillos para guardar la noche.
Dejan sobre mi pelo leves plumas,  ramas ligeras, papeles de colores suaves  formando un nido. Y Todo se lo consiento, todo. Por ruidoso o loco que parezca. Todo se lo consiento a los pájaros de mi cabeza. Menos que callen.

La madalena de Proust: una percepción evoca un recuerdo intensamente

 A veces, cuando el duelo termina, cuando se acepta la pérdida y la alquimia del tiempo transforma la ausencia en nostalgia,  el recuerdo s...