Era el agua transparente y quieta de un mar tranquilo;
se intuía pantano.
Era el helado de fresa de una tarde de verano;
se creía filo de hielo.
Era aceite bueno en el pan moreno;
se afirmaba migaja de cedazo.
Era la oquedad de la taza conteniendo el café;
se sentía vacía.
Era palabra de menta balsamizando el aire;
se ahogaba en humo.
Era caricia de viento fresco en el rostro franco;
se imaginaba calima de arena hirviendo.
Era sana como un roble,
aunque sus heridas supuraran penas.
domingo, 10 de junio de 2018
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Madres
Eduardo nació en aquel tiempo en que las mujeres parían en la cama de su dormitorio rodeadas de sus tías mientras el padre aguardaba en el ...
-
Siempre que sea posible es necesario reconocer un derrota desde su inicio para no liarse en la frustración como un hilo a la pata de un rom...
-
Hay un cuento de Inés Barredo, que está publicado en su libro "Crecer jugando" donde cuenta magistralmente la historia de una...
-
¿Quien late por ti? De dónde recibirás, tú, el latido y el escalosfrío del nacimiento. Desde que lugar y desde que extraña galaxia se multi...
No hay comentarios:
Publicar un comentario