Cuaderno de mano.


La vida no es más que una larga conversación a varias manos. Una conversación repleta de palabras  que cobra sentido en los espacios. Entre los silencios que la conforman, que la tallan, que la esculpen, que la respiran. A veces esa conversación se embrolla, se agrieta, se desluce y nos desescribimos en minúsculas y entre paréntesis hasta recargarla  de sentido o de mentiras. Palabras que se pronuncian a gritos mudos y secos, entre susurros, en labios húmedos de alta y de baja voz que toman cuerpo y sentido en la espera, en la escucha, en una danza libre boca-oreja.
 La vida no es más que un largo soliloquio con quien se ama, se odia o se teme; una conversación de gestos, mímicas y lenguas varias; un diálogo de sordos la mayor parte del tiempo, y si acaso hubiera suerte y el viento soplará  a favor, un recital de poesía a dos voces, a un tiempo, a un aliento...
 Eso si  alguna vez hay suerte, favor, viento y poemas que navegar.
 A veces pasa.









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