domingo, 10 de junio de 2018

Baldes de harina I

Con ella aprendí, que el autor no es su obra,

 que los golpes que más hieren no llevan marca de enemigo;

 que la caricía que no nutre intoxica; 

 que el interés acoraza el corazón.

Yo la esperaba sentada en su embarcadero, 

viendo anclar  naves que plegaban velas, 

barcos que se hacían al mar,

marinería que trasegaba entre blancos y azules, 

y mientras esperaba el tiempo,

 aguardaba.

La ilusión te embarga

 o  te emborracha

 en pasiones con dirección a resacas 

vacías de alcohol.

Estaba preparada para todo

 menos para  molinos de tiempo.

 En sus aspas inicié el remonte hasta el mediodía 

y desde allí me despeñe en dirección a los años que pulvericé en la espera,

 mientras la rueda trituraba en harina mi corazón.


La quise libre y libre me abandonó.

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