domingo, 3 de mayo de 2026

Madres

 Eduardo nació en aquel tiempo en que las mujeres parían en la cama de su dormitorio rodeadas de sus tías mientras el padre aguardaba en el patio o sentado en la silla que servia de galán al lado del armario de lunas de espejo. Las abuelas rezaban agarrando ese pañuelo que les servia para todo y enjugaba los miedos y las malezas para sobrevivir en medio de la pobreza y el abandono, cuando se habitaba en un tiempo con más trincheras  que hospitales. Gritaban las madres como animales porque el canal del parto no se agrandó al tiempo que los cráneos  se desarrollaban dentro. La evolución natural, un poco chapucera, dotaba  a los humanos de más inteligencia y sesera, pero no aumentó el conducto que les  daba a luz en la misma proporción. 

 La muerte asomaba en cada parto y rondaba a la parturienta y al rebento mientras las familias trataban de alejarla con sahumerios y oraciones. Cuantas veces el único bisturí que  esperaba una mujer  era la guadaña. 

Tantas veces has parido tantas veces has enfrentado la muerte. Ningún embarazo era fianza del próximo.  Nacer y morir podían conjugarse en un mismo tiempo.

 

Tantas veces pariste tantas veces paso la muerte por tu frente. 

 

Eduardo nació y creció fuerte y sano, pero la parca se llevó a su madre y a su hermana en el mismo tiempo y al mismo lugar. El reparto de hijos entre abuelas y tías le llevó a recorrer casas que le acogieron pero nunca fueron un hogar real para él.

Solía dolerse de   su suerte y repetía  que "quien no tiene madre no tiene quien lo quiera."

Así lo conocí yo ya muy mayor y con aquella herida incurable en su alegato de dolor.

Quien no tiene madre no tiene quien lo quiera.

Los días fueron lijando su cerebro y la mente desvariaba sin freno y sin filtro, y quien en principio era amable y tierno se fue convirtiendo en áspero y duro. Difícil de reconocer y de tratar.

Ante los virus de la mente en desaliño solo cabe la paciencia y la ternura para no enfrentar guerras de trincheras sin honor.  

Quien no tiene madre no tiene quien lo quiera...

Venga, Eduardo, que te voy a lavar las manos,  levanta un poco los brazos...muy bien. Ahora te voy a girar un poco para lavarte la espalda... y después te vestiremos con la camisa blanca y luego a sentarse un poco en sillón...

Quien no tiene madre no tiene quien lo quiera...

Trato de imaginar que cual sería la angustia  de su madre de haber  podido seguir su recorrido vital sintiendo el desconsuelo de Eduardo durante toda su vida, y me pregunto cómo y cuánto agradecería esa madre  las manos que consolaran a su pequeño (tenga los años que tenga) y enjugaran sus lágrimas mientras  lo guiaran en las  dificultades del camino. 

Madres de manos vicarias sin color, sin raza, sin religión llenas de  amor y ternura capaces de ser madres de todos los huérfanos de la vida. 

Por mas que se busque no se encontraría un agradecimiento mayor y una deuda de amor que solo con amor se salda. Porque de todo podremos encontrarnos huérfanos en vida, de todo menos de ellas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

lunes, 5 de enero de 2026

 ¿Quien late por ti?

De dónde recibirás, tú, el latido

y el escalosfrío del nacimiento.

Desde que lugar y desde que extraña galaxia

se multiplicará  para ti el golpetéo de la vida.

A quien ama al corazón que late

qué lejana vibración le acuna,

qué antigua profecía  abre  sus caminos

para desvelar el mapa de la memoria

y su balanza ciega.

Para sanar  el corazón vino cordial,

para los ojos, la vidriera del templo,

para las manos, el tacto desnudo del mar,

para el olfato, el aroma tierno del pan,

para mi boca, el agua dulce del rio de vida que nace en tus labios.  

Tu senda llena de presencias y recodos,

de atajos infinitos, de deseos no nacidos,

de amores huidizos y ciertos.

Para tu corazón sin coraza siempre habrá yerba tierna en medio 

del secarral porque tu sola eres más

grande que una multitud de pájaros gritando.




 

martes, 20 de mayo de 2025

Pajaros de desgarro

 Siempre que sea posible es necesario reconocer un derrota desde su inicio para no liarse en la frustración como un hilo a la pata de un romano. Desde afuera existen vacíos ajenos tan extraños que acaban doliendo como propios, pero que nadie puede llenar.  Reconocerlo a tiempo facilita que el suplicio de la impotencia drene al exterior y los desiertos no propios no se conviertan con el tiempo en nuestro agujero negro.

Podría haberle bajado la luna cada noche y nada hubiera iluminado aquel caos oscuro que goteaba sin pausa desde el desagüe de su infancia. El maltrato atrae sin remedio una sarta de situaciones groseras, de tragedias que se repiten con minuciosa precisión y de personas malqueridas que mezclan sus desordenes con el dolor inconmensurable de una infancia abandonada en un bosque, en un pozo oscuro o en una casa tapiada para la cual no existe llave. 

Su luz se derrochaba con la furia de una explosión nuclear y en el mismo tiempo en que se apaga una cerilla. Pasaba del frenesí a la melancolía en una milésima de  segundo y en menos que canta un gallo el sistema solar se catapultaba de la vía láctea al pantano estelar golpeando cada planeta, cada satélite, cada estrella.

Recoger sus pedazos cada día se  ha convertido en una labor ardua e ingrata que la mayor parte de las veces solo rasga mi alegría como un cristal roto desgarraría las alas de un pajarillo y aún así, como la labor que  Penélope  hace y deshace, cobra sentido. El hilo que teje y desteje da tiempo a quien no lo tiene. La agujas de ese reloj parado en el tiempo evitan que le reviente la mente, el corazón o su vesícula biliar. Tal vez robar la roca de Prometeo no fue muy sensato, pero quien sabe si el pajarillo de las alas quebradas no esté aprendiendo a caminar lejos del volcán y  desviando con su pico el río que apague la sed de quienes confunden el agua con alcohol de quemar.

Esta historia no es de final abierto pero en cualquier caso no sera de cualquier final.

miércoles, 12 de marzo de 2025

La madalena de Proust: una percepción evoca un recuerdo intensamente

 A veces, cuando el duelo termina, cuando se acepta la pérdida y la alquimia del tiempo transforma la ausencia en nostalgia,  el recuerdo se engarza dentro del alma  en una sinergia tan profunda que nos une al ser querido de  tal manera que aún estando afuera vive adentro. Sin embargo, el calendario corre, se afana y todas las experiencias compartidas comienzan a  asolarse al fondo  hasta que un día sin saber  cómo una memoria restaña en las raíces  y súbitamente una emoción, una descarga eléctrica nos sacude, conmueve y estremece. 

Aquello le sucedió a ella, algo la arrebató, un remolino de gozo que no encontraría en su vocabulario otra palabra que el término, "duz" para hacerme entender la emoción que la anegaba aquel día en que reconoció en la brisa de la tarde  el aroma a colonia de su madre. Yo hubiera dado la mitad de mi helado de nata para que esa explosión de ternura también ocupara mi alma. No sería entonces, a pesar de los esfuerzos de mi voluntad,  cuando me arrebatará una emoción similar, sino mucho tiempo después cuando ella ya no estaba para compartirlo.

 Me recorrió el cuerpo un escalosfrío de dicha que no tenía  causa aparente, Súbitamente, cuando escuché  por azar una palabra que ella utilizaba de manera corriente, se generó en mí una sacudida tan profunda que tuve que acogerme entre los brazos y la nostalgia lo invadió todo en un relámpago lento y profundamente dulce que me embriagó por completo...  ese instante  fue como descubrir  que Dios existía  y se acordaba de mí...

Ella afirmaba que jamás había percibido antes aquel "duz" que le entro por el cuerpo cuando su memoria reconoció en un perfume el aroma de  su madre después de tantos años de ausencia y yo lo reafirmo por mi experiencia. Puede que solo sea una descarga del sistema nervioso, pero a mi me gusta creer que más bien fue un "arrebato místico" y que ella vino a visitarme aquel día como su madre la visitó a ella.

domingo, 9 de febrero de 2025

 Y ahora que los americanos se disponen a realizar deportaciones masivas de inmigrantes, pretenderán también repatriar a todos aquellos norteamericanos que viven en otros países?  O, tal vez,  obligarán al resto del mundo a encarcelarlos si no desean volver?

martes, 26 de noviembre de 2024

25 noviembre

 Las mujeres han existido  desde siempre, como las vasijas y el ajuar; un poco menos que los árboles y las gallinas y un poco más que las espadas y las banderas. Desde siempre han realizado el trabajo que facilitaba a los protagonistas de la historia el existir, el resistir y el alzarse con los laureles de un gloria sin alegría que nunca coronaron sus cabezas.  Aunque su respiración fuera entrecortada y su estatura ninguneada durante los siglos de los siglos, las mujeres no han dejado de combatir el hambre, la enfermedad, la ignorancia y la muerte. En el alma profunda de la materia femenina se hallan los mecanismos de supervivencia más sofisticados y sutiles para no dejarse extinguir. El instinto humano lucha contra la muerte por medio de la parálisis, la catalepsia y la lucha, pero en las mujeres existe otro mecano tan arraigado a su pecho como es el agradar. Y siendo así la misma herramienta que protegía su vida, la arrancaba de la tierra y estremecía sus raíces. El cuerpo logra sobrevivir al alma a costa de la espalda curvada, la mirada baja y la sonrisa triste. Y a pesar de haber sacado las uñas  y enseñado los dientes más de una vez, aún queda tierra liega sin labrar. la misma tierra que sirve de mortaja a tantas mujeres sin esperanza.

De poco sirve salvar el cuerpo y dejar el alma ahogarse de frio en las propias lágrimas. Las noches sin sueño, los gozos sin cuerpo, la medida de la falda o la hondura del escote. Una mujer "nace" puta y pasa la vida entera demostrando que no lo es. Los hombres "nacen" cobardes y pasan la vida entera demostrando que no lo son, incluso si para ello han de matar, matan por un centímetro de falda o por la mueca de otros hombres que los miran con desdén.

 Tabla rasa para recomenzar ni putas ni sumisas, ni cobardes ni asesinos.


domingo, 24 de noviembre de 2024

Ya no pesan más

 Ya no pesan nada, aparcados en la celda estéril de un orfanato

huérfanos de esperanza y futuro se deslizan fugaces y leves como una pluma

Ya no hacen ruido, el calendario no tiene mas días en rojo que el atardecer

y el azul del cielo misturado con la luz matutina no traslada la esperanza de ayer a mañana.

Ya no le pesan a nadie, ya no producen nada pero mueven la bolsa mientras la vida se 

acorta de tarde en tarde enfrentados al ventanal de una  calle que levantaron 

con sus manos y hoy le ofrece un paso que no pasearan.

No le pesan a nadie, ligeros de equipaje se desvanecen de a poquito con la soberbia de la juventud perdida en el éter de una eternidad impaciente que los trascenderá sin moneda en los labios, sin barquero en la Estigia,  sin flores ni antorchas al otro lado.

Hay quien dice que de todos modos se iban a morir igual.

Madres

 Eduardo nació en aquel tiempo en que las mujeres parían en la cama de su dormitorio rodeadas de sus tías mientras el padre aguardaba en el ...