Nunca debí sacarle los ojos al idiota este, pero es que no pude soportarlo más. No dejaba de mirar y mirarme con esas dos canicas azules iguales al ovillo de lana de la abuela Claudia.
No quitaba su vista de mí. No es extraño sea yo quien padezca de vista cansada, ¡ciego me pone! Si camino hacia la cocina, me mira. Si subo por la escalera, me mira. Si me duermo en el sillón, no deja de mirarme. ¿Pero qué mira tanto? ¿No me conoce? Nadie sabe lo que es mantener el tipo mientras te espían y te observan con esa mirada bobalicona llena de admiración.
Esta noche fue el colmo. Me agarro fuerte por el cuello, me subió a su halda y comenzó a manosearme como siempre, aunque yo lo sentí como nunca.
Tengo la impresión de que por un instante supo lo que iba a suceder porque los abrió con espanto, justo en el instante en que saque mis uñas y se le apago la luz.
Zas, una cinta maestra. Ciego. Imbécil. A ver ahora como te las arreglas sin tus preciosos ojos para mirarme.
Mírale, buscando a tientas por todo el salón el sombrero y el bastón. Da pasos cortitos, tantea dando palos al agua, porque no sabe a donde va.
Con lo clásico que es no puede salir a pedir ayuda sin estar perfectamente vestido para la ocasión.
No deja de gritar. Creo que si retuviera los ojos, lloraría, pero claro, ahora los tengo yo debajo de mis manitas...
Busca, tantea con los dedos: ha encontrado las gafas. Muy acertado, la fuerza de la costumbre no se pierde tan deprisa.
Idiota, si no tienes ojos, ¿para qué quieres las gafas?
Busca el teléfono, grita por la ventana, haz algo útil, así no lograras vestirte ni hoy ni mañana. Tendré que ayudarte.
Le hablaré.
Miau, miau ¿no vienes tras de mí?
Nunca debí sacarle los ojos, ahora vamos a quedarnos aquí para siempre, dandole palos al ciego, en esta supuesta oscuridad: la suya, porque le recuerdo que yo veo la noche y además tengo siete vidas para jugar con mis canicas: las suyas, las nuestras.
lunes, 9 de julio de 2018
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Trababalenguas, quiero y no quiero
“Quiero y no quiero querer a quien no queriendo quiero. He querido sin querer y estoy sin querer queriendo. Si por mucho que te quiero, qui...
-
Hay un cuento de Inés Barredo, que está publicado en su libro "Crecer jugando" donde cuenta magistralmente la historia de una...
-
Cuando esperaba una llamada, solía rondar el teléfono fijo colgado de la pared como si en ello me fuera la vida. A cada poco levantaba el ...
-
Con ejemplos fáciles de entender, sin complicar el asunto para que no nos cansemos de escuchar, Christian Felber da soluciones fáciles para ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario