miércoles, 10 de febrero de 2021

Diez años

Parece que una vida entera  hubiera cruzado por mis ojos en unos simples instantes. Tengo la impresión de que el tiempo anterior a ayer fue una mezcla de páginas mudas y calendarios vacíos. Días que  se  revocaron en un cambalache de subidas y bajadas en el camino a mi averno particular sin anestesia ni manta de viaje.

La palabra me ha salvado, la mía, la de adentro, la de honor. Fue el oxígeno de  las letras dichas y su espíritu lo  que me arrebató del  infierno y  me rescató de un cielo neutro y aburrido, de una felicidad beata. Tanto me redimió leer como escribir y por una de esas casualidades de los días hoy ha regresado a mis manos una carta antigua que nunca conoció  buzón que  se quedó escondida entre las sábanas como un naipe marcado en la bocamanga de una timba ilegal.  La he leído con interés, me he reconocido en ella viva y libre  y he sentido añoranza de mí de aquella que dibujaba un garabato blanco en un lienzo oscuro y sembraba trigo en una tierra adusta sin labor. A pesar de la experiencia vacia he vuelto a reencarnar en quien fui y cerrar el sobre.

miércoles, 3 de febrero de 2021

alcance la luna

Alcancé la luna para tatuar tu nombre en su cara oculta. Lo tracé al amanecer de una noche de luna llena y siendo tu nombre tan breve  lo repetí veces infinitas de arriba abajo  y de Norte a Sur de cuadrícula en cuadrícula para lucirlo en el eter al menos una vez antes del eclipse lunar.  No podré bajarte la luna, pero te llevaré a ella para verte brillar desde aquí.

 


sábado, 16 de enero de 2021

Predes

 Hoy estalló sin ruido la esquirla de cristal clavada en su cuerpo.

La gota de agua que empapaba sus manos callosas cristalizó en el frío de enero.

Hoy ya pertenece al ayer que reverdeció como hierba fresca.

Hoy ha cruzado su piel la frontera de las tapias en que argamasabas sus días de amapola.

La semilla que será se ha desprendido de la espiga  para ser de nuevo siembra mañana.

Su espíritu, como animal abatido carente de aliento, ha pagado el peaje de vivir entregando su plata al barquero.

Hoy caen las ochenta lunas sin tierra que te vieron rodar  escaleras abajo hasta alcanzar un cielo asombroso..

Tu ternura fue en mi infancia la tarta de cumpleaños, el calor de una tarde de merienda en el patio,  la fuerza firme que sostuvo mi mano pequeña al principio de la pesadilla; el abrazo cariñoso que atravesó conmigo el desfiladero de la metralla y el regalo de Reyes en mis "abarcas desiertas".

No hay moneda que pague un desvelo cariñoso junto a la cama de un niño. 

Fuiste mi madre cuando la propia no pudo estar. Ninguna lo olvidamos.

 Ambas lo reconocemos y lo agradecemos de corazón.

Qué la tierra te sea leve, Tía Querida...


 

sábado, 2 de enero de 2021

Sembrar en tierra de nadie

Le gusta sembrar en tierra de nadie,
 porque el fruto allí no tiene dueño
No es de nadie la flor ni la escarcha,
no tienen amo la tierra y la hormiga
ni pertenencia la frontera ni el muro,

no existe jerarquia entre  el agua y la sal.

Solo el sudor tiene escrituras de propiedad... y este no es el cacique.
 Se es esclavo de las palabras huidas de los labios,
 pronunciadas
 entre los sentimientos libres y deseos blancos
  propietarios de todo el amor que cabe en un alma.
 
Le gustaba sembrar en tierra de nadie
para no sentirse dueña de nada.




sábado, 26 de diciembre de 2020

Navidad

 Algunos días, vuelvo del trabajo con el corazón envuelto en un pañuelo blanco para que no se me ahogue entre las alambradas y el lodo que arrastran  los filos de un bisturí. Los blancos momentos de la  Navidad se convierten en un barrizal triste y miserable en alegrias que transpira irrealidad.

Algunas noches, regreso con el corazón convertido en cristal roto que tu  paciencia  recompone hilo a hilo hora a hora mientras entrelazas en mis dedos todos los mimbres de amanecer.

Algunos días llevan en su interior sombra espesa que convierte la historia en un café helado para que no fenezca de tanta tragedia. 

Algunas veces rugo salud  y la vida se sienta a mi lado deshojando  margaritas hasta que un acero afilado finamente trae la prórroga.

Así las polaridades se expresan:

Al lado del veneno, el antídoto.   

Junto al dolor, el remedio. 

Al otro lado de la amargura, tú.

jueves, 5 de noviembre de 2020

Diego y la enseñanza

Diego dice que no quiere ser profesor, a pesar de que quien lo escucha lo sugiere con vehemencia, alega que el despacho de su madre (que sí lo es) se encuentra repleto de tantos papeles que necesita una brújula de  madres para poder localizarla en la habitación.  Se queja, amargamente, del tiempo que ella dedica a su trabajo y no a él. No  desea pasar su vida corrigiendo exámenes, enfrentándose a preadolescentes complejos, a padres enfurecidos ni se ve  defendiendo su honor delante de una sociedad que  lo estigmatizaría por motivos que él no comprende. Aunque intento explicarle que no existen labores sin contratiempos ni contraríos, es difícil convencerlo de que la vocación de enseñar, de ayudar a aprender es tan amplia que no puede resquebrajarse por la ignorancia a veces maliciosa que siempre la rodea. Quien enciende una luz, le digo, es la primera persona en beneficiarse de ella. En medio de la oscuridad del carbón es dificil no tiznarse alguna vez. No hay formación que espante  la compleja ignorancia de quien no se educó a sí mismo. Se educa y se instruye aunque la labor no es menor.

 
Educar no es un trabajo mecánico, no consiste en fabricar mecanos de chapa, ni formar parte de una máquina donde el  humano sea la herramienta por la que menos se paga.


Aprender no es un verbo que pueda conjugarse a placer ni con facilidad.

 Aprender es como respirar, imposible dejar de hacerlo mientras el cuerpo se mantiene vivo. Ambos verbos son mellizos. En muchos lugares se habla de la educación como la salvación de todos los males y sin embargo, la mezquindad anda perturbandole el sueño por la envidia de unos días de vacaciones que se valoran más que la formación de seres que más importan. La seriedad tiene mala prensa, teñida de un cierto olor a rancio (rancio jamás se conjuga con aroma) a tedioso cuando la frivolidad es tan amena. No se improvisa un buen profesor, no se improvisa el conocimiento ni la pedagogia. Desprestigiar a quien sabe y quiere educar a quien vive en  la ignorancia se requiere prestigiarr la ignorancia, valorar la insensatez, la picardia de aprovechar los recursos que no se han generado por merito propio. Ser más listo que los inteligentes se convierte en un valor a seguir. Recuerdo a una compañera que siendo muy niña defendia su ignorancia y su astucia diciendo que hay listos que tontos son y tontos que listos son. Y esa siembra da entre sus frutos el desprecio y el desprestigio de quien se educa y se da a quien desde la soberbia no quiere reconocer su ignorancia. Educar es valorar el futuro y creer en él.



Velos

Es como si fueramos desapareciendoeEntre el móvil y la mascarilla. Me rodea una sensación de burbuja transparente donde todo lo que queda fuera se distorsiona. Echo de menos la realidad por muy fuerte o intensa que pudiera parecer. Los aromas, los olores, la aspereza del tacto, la caricia de la seda... necesito sensaciones reales, no que mi cerebro complete aquello que no salta a la vista o permanece oculto detrás de un trapo. He conocido mucha gente nueva, solo puedo ver sus ojos y mi cerebro completa el rostro en función de lo que ve, y según puedo comprobar somos mucho más atractivos desde el arco de la nariz hacia la frente que hacia el mentón. Reconstruyo labios, pómulos y mentón pero cuando lo recreado se destapa pocas veces coincide con lo imaginado, casi siempre es menos atractivo de lo que lo perfilé, aún así lo prefiero. De tanto aislarnos del virus también lo hacemos de la realidad. Hace poco decia una niña que la mascarilla consigue que se introyecte a su propio mundo y siente que ya no le importan los demás. Esa percepción no le gusta, pero no puede esquivarla. Su aportación coincide con mi creencia de que cuanto más nos encerramos en nosotros mismos más ínfimos quedamos y más irrelevantes percibimos aquello que nos rodea. Si no dejamos de observarnos por fuerza encontraremos razones enfermizas para no salir de nosotros mismos y por experiencia sé que no hay montaña mayor.

 

Trababalenguas, quiero y no quiero

 “Quiero y no quiero querer a quien no queriendo quiero. He querido sin querer y estoy sin querer queriendo. Si por mucho que te quiero, qui...