La calle más larga del mundo principia en una piedra y termina en una esquina. Al otro lado queda un espacio libre, frontera con otra calle del mismo trazado y no de distinto material. El urbanismo puede ser delineado con diferente mano, pero al final, todos son calles y gente.
Dejarse querer es una debilidad que no deja de fragilizar a quien quiere y a quien se deja querer. A quien quiere porque lo engaña y al otro porque muestra su debilidad moral.
Tiene, además, el problema añadido que resulta de la voluntad de no ser más querido y el de no saber como conseguirlo. No te quieren como conviene ni cuando interesa, mucho menos dejan de hacerlo del modo deseado y en el tiempo justo y así cargamos la vida entera con amores intoxicados que arañan más que acarician y que de amores no tienen nombre.
La calle más larga del mundo principia en un pensamiento, en una mano y un paso. La primera piedra llega sola.
miércoles, 8 de agosto de 2018
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