Gracias al ir y venir de las olas, el mar no se convierte en un pantano. Los días que pueblan la vida tampoco dejan en su ir y venir nuevos, que la vida hieda entre la tragedia de ayer y la desesperanza de mañana.
Hoy ha transcurrido como todos los días de 24 horas, aunque con la impresión de que la mañana ha sido un momento esperado desde hace muchos días idos ya. La justicia no existe, lo que creemos justicia no deja de ser la consecuencia de saltarse unas normas que incluyen en su genética el efecto de su contradicción. La justicia solo es sinónimo de reparación y aunque hoy no se ha reparado nada, el movimiento de este día es una ligera esperanza de recuperar la dignidad, no de los cuerpos en las cunetas que no la perdieron nunca, les fue arrebatada, sino de aquellas conciencias asalvajadas a las que no les tembló la mano ni el disparo. El día en que el amor se ejerza con la misma intensidad que la violencia, la sociedad comenzará a repararse a sí misma, no habrá más balas. ¿Quién lo verá? que diría mi madre.
jueves, 24 de octubre de 2019
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