lunes, 11 de marzo de 2019
Lo bueno no puede hacer mal
Sucedió cerca de mediodía, con un sol esplendido en el centro de un cielo azul profundo circundado por media docena de nubes blancas dignas de un Sorolla. Se dejaba mecer por un viento suave desde la cuarta altura de una construcción blanca y verde musgo en un sillón arpa tan acogedor como un amante dulce. Mientras degustaban un buen vino perlando una copa de cristal finísimo, se preguntaba, quién sería el ser que más riquezas poseyera en esta tierra y deducía que bien podría tener muchísimo más que ella, pero, desde luego, mejor no estaba.
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Disfrutar de los momentos, esa es la verdadera riqueza.
ResponderEliminarBesos, Cereza.