No debí permitir que pronunciaras mi nombre
con tu boca manchada de mermelada.
No debí consentir que acercarás tu mano
a mi bolsillo, porque allí no estaban tus canicas.
No debí hacerme invisible
como las mujeres del Ateneo.
No debí volver a subir
cuando me hiciste bajar de tus labios.
No debí asomarme a tu almacén
tan lleno solo de ti.
Cuando aún era tiempo
y distinguía bien de mal
no debí romper mis alas
para posarme en tus ramas ruidosas.
Murió tu amor el mismo día que yo nací.
Lo supe desde siempre.
No debí quedarme suspendida
entre tus ángulos muertos
llenos de puntos suspensivos...
No debí permitir que me ningunearas,
tú, que ni siquiera sabes tu nombre.
miércoles, 7 de febrero de 2018
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Trababalenguas, quiero y no quiero
“Quiero y no quiero querer a quien no queriendo quiero. He querido sin querer y estoy sin querer queriendo. Si por mucho que te quiero, qui...
-
Hay un cuento de Inés Barredo, que está publicado en su libro "Crecer jugando" donde cuenta magistralmente la historia de una...
-
Cuando esperaba una llamada, solía rondar el teléfono fijo colgado de la pared como si en ello me fuera la vida. A cada poco levantaba el ...
-
Con ejemplos fáciles de entender, sin complicar el asunto para que no nos cansemos de escuchar, Christian Felber da soluciones fáciles para ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario