martes, 23 de abril de 2019

A medio camino a ti.

Anhelaba otras alturas,
un horizonte más amplio,
un corazón sin zurcirdo
media docena de flores,
un café sin diluir.

Ansiaba saltar de las arcadas de la nostalgia
a la arena tibia de la soledad
del mí conmigo.

Desandad pues, pies desnudos,
el caminos de botellas rotas
al encuentro de teorías
lejanas de pan y alma, 

retroceded a mañana y suspirad.

El oxígeno se tornó pulcro añil profundo.
Cada signo se concilió con su elemento.
Sintió extranjero el tiempo perdido
en el agujero negro de la  sinrazón.
Del no haber sido.
Del no ha de ser.

Cauterizó la vida el mismo fuego
que arrasó hasta los cimientos el abrazo.

Por fin arrolló la niebla, restañó la herida.
Recompuso los escombros.
Amaneció.

Ya no yerbe el mosto en el jaraíz,
hoy es alivio en la boca.
Ya no están vacías las tinajas
sino plenas de hierba fresca recién cortada.
Ya fermentó el dolor,
y de la ruina se hizo don.

miércoles, 17 de abril de 2019

Instinto de supervivencia

Siempre he creído que escribir, pintar, tomar fotografías, crear música o cualquier otra actividad que desenfunde de lo corriente al alma que nos habita es una ocupación, además de gustosa, terapéutica. Dejar a un lado lo habitual, lo rutinario, lo seguro para adentrarse en el cerebro creativo o en  el alma más honda y desconocida de nosotros mismos en dirección a no se sabe qué, ayuda a desembozar al  personaje para adentrase en la persona. Aunque "persona" venga a significar 'máscara', en este caso lo utilizo como todo lo contrario, como modelo original que late por debajo de la tierra conocida.

Probablemente, escribir se haya convertido en una terapia más a utilizar para descomprimir los canales de esa sabiduría ancestral que no habla el mismo idioma que la tecnología, pero que se manifiesta sin pudor en cuanto encuentra al papel sin ataduras.

Algunos de mis textos fueron  para mí en el momento de escribirlos algo así como  seres incomprensibles, extraños a los que reconocía como propios por el olor, pero que hablaban a un "oído" que no era aún capaz de captar los matices más sutiles de la realidad que describían.

Dicen que el cerebro comienza por desarrollar el olfato como el primero de los sentidos, por lo tanto, el más ancestral, convertido de ese modo en la primera herramienta de supervivencia que nos avala.  Antes de beber cualquier líquido o probar cualquier alimento, por muy apetecible que resulte a la vista, primero se huele. Tal vez el cerebro sabe que la vista es demasiado ingenua para descubrir verdades y peligros, de modo que todo pasa por instinto, por el tamiz de la nariz.

Aún cuando mi mente inconsciente no pudiera hablarme con la claridad de un idioma conocido no dejó nunca de mostrarme la imagen de la realidad más allá de mi propia percepción.

Nada nos ama tanto como nuestra propia alma. Sin cansancio, sin censura, sin pausa guió mi mano en el papel dibujando la realidad en el lenguaje más primario. Y ahora, después de haber disipado la niebla espesa que aturdía mi desconcierto, por fin, puedo ver lo que siempre trató de decirme y la manera en que  me protegió sin que yo misma fuera consciente de ello. Todo lo que nos sucede se graba de alguna forma en nuestro espíritu. La vida no escribe en la arena, grafía en  piedra y allí queda para los que vendrán a necesitarla un día. Todas las experiencias suman en un inconsciente colectivo que crece con cada aprendizaje y evoluciona en sí mismo con todos. Sé lo que sé porque alguien lo supo antes que yo. Y alguien vendrá a saber de aquello que necesita por la letra con la que contribuyo a plasmar en la piedra en la que escribo, porque yo, como la vida,  tampoco escribo en la arena...


viernes, 29 de marzo de 2019

Mirar


Donde yo solo veo pedazos de barro,
sus retinas contemplan un cántaro.
Los ojos que saben  mirar
velan la raíz y el porvenir
antes de que la misma lejanía los desenvuelva.
Allí donde yo solo veo materia muerta,
ahí ella contempla el vuelo de la mariposa.
volar la mariposa.


lunes, 11 de marzo de 2019

Lo bueno no puede hacer mal

Sucedió cerca de mediodía, con un sol esplendido en el centro de un cielo azul profundo circundado por media docena de nubes blancas dignas de un Sorolla. Se dejaba mecer por un viento suave desde la cuarta altura de una construcción blanca y verde musgo en un sillón arpa tan acogedor como un amante dulce. Mientras degustaban un buen vino perlando una copa de cristal finísimo, se preguntaba,  quién sería el ser que más riquezas poseyera en esta tierra y deducía que bien podría tener muchísimo más que ella, pero, desde luego, mejor no estaba.





miércoles, 6 de marzo de 2019

Antropónimos vs. topónimos

-Tita Pi, qué estás leyendo?

- Hola, Laura. Estoy tratando de leer una obra de un escritor muy famoso. Se llamaba Becquer y le gustaban mucho las golondrinas.

-¿Fritas?

-¡Que va, si era vegetariano!

- Menos mal...

-¿Es famoso ese escritor?

-Sí, mucho. Ya lo conocerás.

-¿Podremos saludarlo como a Julio?

-No, me temo que a este no podrás saludarlo, porque murió hace mucho tiempo.

- ¿¿Estaaaás leyeeendo cooosas de mueeeertooos...?

-Vaya, dicho así suena un poco ambiguo y suena realmente mal... Era un tipo estupendo, te gustará. Verás, tenía un nombre un poco romántico, se llamaba Gustavo Adolfo.

- ¿Qué dices? Así se llaman los gemelos de mi clase: Gustavo y Adolfo.
¿¿Llevan el nombre de un muerto!!

-¡Y dale! ¡Eres una teatrera...! Llevan el nombre de un escritor, que este muerto no es importante.  No pasa nada, tal vez a sus padres les gustaban las rimas o las leyendas, vete tu a saber.

Cuando tengas que ponerle nombre a tus hijos te darás cuenta de lo difícil que puede llegar a ser, y  de cuantas personas te caen mal. Se comienza a barajar nombres y todos acaban relacionados con algún "espectro".

Tal vez fue eso lo que les ocurrió a los primos cuando seleccionaban el nombre de los chicos  y por eso eligieron nombres de ciudad.

-¿Y cómo se llaman esos primos?

-Israel y Jerusalen.

 -Huy, pues menos mal que no fueron chicas, porque les hubieran llamado... Sodoma y Gomorra .- dijó su hermano que al parecer pasaba por allí...

:)





martes, 26 de febrero de 2019

El sitio de su recreo

El padre de Diego quiere salir a la calle y pretende que el pequeño lo acompañe, pero eso no es fácil, porque por regla general, el niño se encuentra tan a gusto en su casa que hacerlo salir es un reto, y se necesita un muy buen plan.

- Venga, Diego, anímate. Vamos a ir a un lugar  donde todo es paz y armonia, equilibrio, serenidad, goce, contemplación...

Diegui levanta una ceja y lo mira con ojos divertidos.

- Vamos a la pastelería, no?

-Tú me lees el pensamiento, verdad? Pues claro, donde ibamos a ir si no...






Trababalenguas, quiero y no quiero

 “Quiero y no quiero querer a quien no queriendo quiero. He querido sin querer y estoy sin querer queriendo. Si por mucho que te quiero, qui...