Después de una noche eterna al llegar el sol pudo por fin descansar un poco. Desde el atardecer había permanecido empapada en un charco de sudor que manaba de su pecho como de una fuente. Yo me recoste a su lado y le cogí la mano.
- Aquí está mi mano, mama. Si la necesitas, apriétala... Si me necesitas, silba.
Yo dormía como las liebres, con un ojo cerrado y otro abierto, si a eso se le puede llamar dormir, con el alma atrapada entre los barrotes de mis costillas que me impedían gritar, chillar, llorar.
En un momento en que pude cerrar los ojos, ella en medio de su afonía pronunció con voz queda un "corazón" y yo me levante como un resorte para atenderla.
¿Qué te pasa?- pregunte llena de prisa. ¿Te duele? ¿Tienes palpitaciones?¿Notas el corazón?
Y ella me miró con sorpresa porque yo no entendía lo que queria decirme:
No - dijo-, no me duele. No es eso. Está tranquilo. He dicho corazón para nombrarte porque tú eres mi corazón.
Y ese "corazón" será puntal, pilar, soporte y arrimo...mañana, pero hoy...
Hoy a la esperanza se le ha caído el sol y solo le nace un azul oscuro, casi negro.
miércoles, 11 de mayo de 2016
domingo, 8 de mayo de 2016
Dientes de leche
Adrián esta perdiendo los dientes. Los guarda su madre en una cajita dentro del arca de las cosas de valor. Él ha dejado su pala en la mesa y la guarda con mimo encima de una servilleta para colocarla más tarde debajo de la almohada de su cama. Allí seguro que la encuentra el ratón como otras veces. Pero cambia de idea, como sabe que su madre es un poco despistada, se sube a una silla y lleva su tesoro a lo mas alto que alcanza de la alacena de la cocina. Allí estará más seguro.
Mientras su madre hace malabares para que coma el pequeño Álvaro que ha mirado el diente con una mezcla de curiosidad y asco, toca los suyos y corre a mirarse en el espejo. Comprueba que no le falta ninguno y vuelve a la silla de la cocina para acabarse el postre. Álvaro tiene tres años y curiosamente esa tarde se toma el postre sin rechistar.
Cuando cae la noche, Adrián sube a la silla y busca la servilleta que guarda su pala. Sabe que esta dentro de la taza para chocolate que no ha usado nadie desde que la colocaran en el altillo. Está seguro de encontrar su diente alli, pero cuando introduce la mano buscando el tesoro se percata con horror de que la pala no se encuentra allí.
El grito se escucha en toda el barrio. ¿Dónde esta su pala? Pero que ha pasado? Llama a su madre y le pide explicaciones, pero su madre no tiene ni idea de lo que ha sucedido. El drama es de Calderón y hay que buscar una solución antes de que aquella casa estalle. Rápidamente camina hacia el arca y busca uno de los dientes anteriores y lo tranquiliza diciendo que lo ha encontrado. Y aunque el que lleva es muy pequeño, a Adrián le parece su pala y lo deja en su habitación. El pequeño les mira con una mezcla de extrañeza y curiosidad. El drama queda resuelto, el misterio no.
Adrián cae rendido en la cama y se duerme profundamente. Dormir a Álvaro es más difícil y suelen leerle un cuento cada noche. Hoy no atiende a la historia, mira hacia la puerta del dormitorio y a su madre. Si tuviera un diente de oro brillaria sin cesar. Su cabeza esta trabajando intensamente, como si maquinara algo. Algo que no le cabe en el pecho y agarra la cara de su madre y la mira. ¿Qué pasa chiquitín?, le pregunta ella.
Él la mira con los ojos brillantes, muy abiertos, y le dice:
-Nada. mami. Sabes, el ratoncito Pérez me va a traer esta noche un regalo!.
-No, Alvaro, le responde, el ratoncito Pérez va a traerle un regalo a Adrián que ha perdido un diente y lo ha dejado en su cama.
-No, mami, el ratoncito Perez me va a traer un regalo a mi. Yo he conseguido el diente de Adrián y ahora esta debajo de mi cama.
Efectivamente, cuando la madre se agacha a buscarlo, lo encuentra allí.
Será posible el niño este? Después del dramón que hemos vivido!! El muy pájaro se ha callado y no se ha conmovido ni un poco ante la desesperación de su hermano.
- No, Alvaro, no será así. No habrá regalo.
- Sí, mami, el diente está en mi cama.
- Pero no es tuyo.
- Pero esta debajo de mi cama...
A la mañana siguiente, el ratón había dejado un regalo debajo de la almohada de Adrián. A Álvaro no le ha dejado nada y este está muy enfadado.
-Ya te dije que el ratoncito Pérez sabe muy bien de quien son los dientes.
Ahora a Álvaro el ratoncito ese le parece un impresentable y a su madre el pequeño le parece como poco peligroso.
Mientras su madre hace malabares para que coma el pequeño Álvaro que ha mirado el diente con una mezcla de curiosidad y asco, toca los suyos y corre a mirarse en el espejo. Comprueba que no le falta ninguno y vuelve a la silla de la cocina para acabarse el postre. Álvaro tiene tres años y curiosamente esa tarde se toma el postre sin rechistar.
Cuando cae la noche, Adrián sube a la silla y busca la servilleta que guarda su pala. Sabe que esta dentro de la taza para chocolate que no ha usado nadie desde que la colocaran en el altillo. Está seguro de encontrar su diente alli, pero cuando introduce la mano buscando el tesoro se percata con horror de que la pala no se encuentra allí.
El grito se escucha en toda el barrio. ¿Dónde esta su pala? Pero que ha pasado? Llama a su madre y le pide explicaciones, pero su madre no tiene ni idea de lo que ha sucedido. El drama es de Calderón y hay que buscar una solución antes de que aquella casa estalle. Rápidamente camina hacia el arca y busca uno de los dientes anteriores y lo tranquiliza diciendo que lo ha encontrado. Y aunque el que lleva es muy pequeño, a Adrián le parece su pala y lo deja en su habitación. El pequeño les mira con una mezcla de extrañeza y curiosidad. El drama queda resuelto, el misterio no.
Adrián cae rendido en la cama y se duerme profundamente. Dormir a Álvaro es más difícil y suelen leerle un cuento cada noche. Hoy no atiende a la historia, mira hacia la puerta del dormitorio y a su madre. Si tuviera un diente de oro brillaria sin cesar. Su cabeza esta trabajando intensamente, como si maquinara algo. Algo que no le cabe en el pecho y agarra la cara de su madre y la mira. ¿Qué pasa chiquitín?, le pregunta ella.
Él la mira con los ojos brillantes, muy abiertos, y le dice:
-Nada. mami. Sabes, el ratoncito Pérez me va a traer esta noche un regalo!.
-No, Alvaro, le responde, el ratoncito Pérez va a traerle un regalo a Adrián que ha perdido un diente y lo ha dejado en su cama.
-No, mami, el ratoncito Perez me va a traer un regalo a mi. Yo he conseguido el diente de Adrián y ahora esta debajo de mi cama.
Efectivamente, cuando la madre se agacha a buscarlo, lo encuentra allí.
Será posible el niño este? Después del dramón que hemos vivido!! El muy pájaro se ha callado y no se ha conmovido ni un poco ante la desesperación de su hermano.
- No, Alvaro, no será así. No habrá regalo.
- Sí, mami, el diente está en mi cama.
- Pero no es tuyo.
- Pero esta debajo de mi cama...
A la mañana siguiente, el ratón había dejado un regalo debajo de la almohada de Adrián. A Álvaro no le ha dejado nada y este está muy enfadado.
-Ya te dije que el ratoncito Pérez sabe muy bien de quien son los dientes.
Ahora a Álvaro el ratoncito ese le parece un impresentable y a su madre el pequeño le parece como poco peligroso.
jueves, 5 de mayo de 2016
De tanto
Desde que el dehielo de savia rompió esta primavera no he podido más que conocerme y reconocer
que no soy tallo, ni rama, ni hoja,
que no soy tronco rugoso, ni liso,
que no soy hoja ni verde ni seca,
que no soy raíz ni dulce ni amarga,
que no soy fruto maduro ni verde...
Que yo creía ser árbol y solamente soy nido...
viernes, 4 de marzo de 2016
Donde tú vayas...
Hoy a las últimas plumas dulces de tu nido las arremolina el viento y las aploma en dirección a lo que será mi casa de adobes negros por mucho tiempo. Hoy una mano de hierro y esquirlas asperas me aplasta el corazón con una saña implacable y oscura. Hoy contemplo tus labios dulces y tus ojos tiernos, velados, entreabiertos con todo el temblor de mi ser, con el miedo a perderte en mis años junto a ti.
Se escapa la vida aplastada por una alambrada de agujas que amoratan tu cuerpo y dejan mi alma sin ningún consuelo.
Tantos días cogida de tu mano buena, sembrando siempre. Tantos días caminando junto a tus sandalias que dejan siempre amigos y huellas.
Si alguna luz se halla en mí nada más es que el resultado de reflejar la tuya desde que nací. He sido tus pies y tú mi guia, he sido tu lazarillo y tú mi camino, he sido mujer buena junto a ti. No han importado las entradas cerradas ni las salidas tapiadas. No han importado los dardos del dolor ni las traiciones veladas. Nos hemos tragado los barrotes de la cárcel de uno en uno, pero sin comulgar nunca con ruedas de molino. Hemos hecho de tripas corazones y nada ha sido bastante para borrar tu sonrisa ni arañar tu paz. Has sabido ser luz del sol acariciando el lodo sin mancharte jamas.
En mi vida se han podido convertir las palomas blancas de los bolsillos en aves tristes de desinterés y olvido, las luciérnagas habrán distorsionado al sol, los laberintos de la ira habrán borrado los mapas de mi futuro y de nuestro camino, y nada ha tenido ninguna importancia porque tú estabas conmigo. Porque tu has sido mi único apoyo y yo tu compañía.
Por todo esto, podrá la muerte cobrarme su impuesto de vida, la vida podrá arrebatarme su parte de sí y hacerme pagar su peaje dejándome en cueros. Podre vivir mil vidas o ninguna, todas distintas o todas la misma; podré quedarme vacia de todo y de todos. Quedarme hueca de afectos o de veredas. Llenarme de noches oscuras sin brújula o Norte. De todo podré, madre mía, quedarme huerfana en la vida. De todo, madre, menos de ti.
Se escapa la vida aplastada por una alambrada de agujas que amoratan tu cuerpo y dejan mi alma sin ningún consuelo.
Tantos días cogida de tu mano buena, sembrando siempre. Tantos días caminando junto a tus sandalias que dejan siempre amigos y huellas.
Si alguna luz se halla en mí nada más es que el resultado de reflejar la tuya desde que nací. He sido tus pies y tú mi guia, he sido tu lazarillo y tú mi camino, he sido mujer buena junto a ti. No han importado las entradas cerradas ni las salidas tapiadas. No han importado los dardos del dolor ni las traiciones veladas. Nos hemos tragado los barrotes de la cárcel de uno en uno, pero sin comulgar nunca con ruedas de molino. Hemos hecho de tripas corazones y nada ha sido bastante para borrar tu sonrisa ni arañar tu paz. Has sabido ser luz del sol acariciando el lodo sin mancharte jamas.
En mi vida se han podido convertir las palomas blancas de los bolsillos en aves tristes de desinterés y olvido, las luciérnagas habrán distorsionado al sol, los laberintos de la ira habrán borrado los mapas de mi futuro y de nuestro camino, y nada ha tenido ninguna importancia porque tú estabas conmigo. Porque tu has sido mi único apoyo y yo tu compañía.
Por todo esto, podrá la muerte cobrarme su impuesto de vida, la vida podrá arrebatarme su parte de sí y hacerme pagar su peaje dejándome en cueros. Podre vivir mil vidas o ninguna, todas distintas o todas la misma; podré quedarme vacia de todo y de todos. Quedarme hueca de afectos o de veredas. Llenarme de noches oscuras sin brújula o Norte. De todo podré, madre mía, quedarme huerfana en la vida. De todo, madre, menos de ti.
domingo, 13 de septiembre de 2015
De glorietas, hombros y lloros.
El viernes trataba de aparcar mi bicicleta en una acera al otro lado del sol y para mi sorpresa no había espacio. Parece que la mayoría de ciclistas úrbanos pensamos salir y aparcar en el mismo lugar y a la misma hora ese viernes porque un rato después la acera estaba completamente vacía. Mientras cavilaba buscando una buena solución a mi problema una amable señora despejó un trocito de reliso y aparqué. Tuve que girarme y colocar el pedal haciendo tope porque perdí el patín nada más comprarla hace ya algunos años
.
Cuando regresé a la posición original me tope con un abuelo y su nieta que acababan de atravesar la glorieta y venían un poco alterados. El abuelo con cara de malas pulgas rezaba en arameo agradeciendo a Dios, a Ala, a Jehova, a Yavhe o a los Rollings Stones, vete tú a saber, que ningún vehículo circulara alrededor de la plazuela cuando ella se había soltado de su mano y cruzó sin mirar.
Esta claro que hay que mirar antes de cruzar la calle (incluso los que creen en el destino lo hacen) y el regaño del abuelo tenia plena justificación, pero la pobre estaba tan asustada por la actitud del yayo que me dio penica. No tendría tres años y verla allí sorbiendose los mocos y apretando los puñitos en un esfuerzo titánico por no llorar, me partió el corazón. El abuelo, que la regañaba con aspereza (y era un abuelo de rasgos muy severos), me hizo partícipe de la escena, así que me uní al regaño y agachandome a su altura, casí me pongo a sorberme los mocos y hacer pucheros yo también. Me acerqué a ella y le pregunté si estaba asustada. Movió la cabeza ligeramente afirmando que sí y le dije: ¿quieres llorar poco? Ella afirmó de nuevo con su cabecita y yo le preste mi hombro... Y lloró un poco.
El abuelo insistia en que no había que llorar por tan poco y bla, bla, bla. Entonces le dije a la pequeña, que él también se había asustado al verla correr como vaca sin cencerro, y que el abuelo no sabe que llorar un poco es bueno (puede que a él siendo un niño de tres años asustado por otro abuelo severo con quien cruzó sin mirar, nadie le dejara llorar ni un poco para calmarse), y que tal vez, por poderlo hacer tan amenudo como nuestro cuerpo nos lo pide, las mujeres vivimos diez años más que los hombres. Y eso, no es poco.
Cuando salí del banco les vi buscando a través de los ventanales a la mamá de la niña que trabaja allí. Reían los dos...
.
Cuando regresé a la posición original me tope con un abuelo y su nieta que acababan de atravesar la glorieta y venían un poco alterados. El abuelo con cara de malas pulgas rezaba en arameo agradeciendo a Dios, a Ala, a Jehova, a Yavhe o a los Rollings Stones, vete tú a saber, que ningún vehículo circulara alrededor de la plazuela cuando ella se había soltado de su mano y cruzó sin mirar.
Esta claro que hay que mirar antes de cruzar la calle (incluso los que creen en el destino lo hacen) y el regaño del abuelo tenia plena justificación, pero la pobre estaba tan asustada por la actitud del yayo que me dio penica. No tendría tres años y verla allí sorbiendose los mocos y apretando los puñitos en un esfuerzo titánico por no llorar, me partió el corazón. El abuelo, que la regañaba con aspereza (y era un abuelo de rasgos muy severos), me hizo partícipe de la escena, así que me uní al regaño y agachandome a su altura, casí me pongo a sorberme los mocos y hacer pucheros yo también. Me acerqué a ella y le pregunté si estaba asustada. Movió la cabeza ligeramente afirmando que sí y le dije: ¿quieres llorar poco? Ella afirmó de nuevo con su cabecita y yo le preste mi hombro... Y lloró un poco.
El abuelo insistia en que no había que llorar por tan poco y bla, bla, bla. Entonces le dije a la pequeña, que él también se había asustado al verla correr como vaca sin cencerro, y que el abuelo no sabe que llorar un poco es bueno (puede que a él siendo un niño de tres años asustado por otro abuelo severo con quien cruzó sin mirar, nadie le dejara llorar ni un poco para calmarse), y que tal vez, por poderlo hacer tan amenudo como nuestro cuerpo nos lo pide, las mujeres vivimos diez años más que los hombres. Y eso, no es poco.
Cuando salí del banco les vi buscando a través de los ventanales a la mamá de la niña que trabaja allí. Reían los dos...
viernes, 28 de agosto de 2015
Tres peces
La libertad tiene un precio.
Al orgullo de ser mayor se le antepone la perdida de una maestra querida, de una mejor amiga de los ocho años...
"Nadan por debajo de un pez de madera,
de un pato de goma,
de un barco de vela.
Como no podía comprarme pecera
puse a mis tres peces en una bañera.
Yo estoy muy contento,
pero ellos anhelan el agua,
la espuma y las olas,
la playa y la arena
y un trozo de cielo con alguna estrella
que vista a la noche con traje de seda.
Así que he pensado que aunque a mí me duela,
estas vacaciones que se va la abuela
a Torremolinos a veranear,
le daré mis peces en una nevera
para que los suelte en otra bañera
más grande, más llena,
cargada de olas, de espuma y arena
y mil y un reflejos de luna y estrellas
que vienen y van.
Y por si recuerdan con un poco de pena
mi blanca bañera,
mi mundo sin sal
le daré a la abuela antes de que cierre su vieja nevera
mi pato de goma,
mi pez de madera,
mi esponja amarilla,
mi barco de vela
y que todos jueguen con su libertad."
Antonio Olea
Al orgullo de ser mayor se le antepone la perdida de una maestra querida, de una mejor amiga de los ocho años...
"Nadan por debajo de un pez de madera,
de un pato de goma,
de un barco de vela.
Como no podía comprarme pecera
puse a mis tres peces en una bañera.
Yo estoy muy contento,
pero ellos anhelan el agua,
la espuma y las olas,
la playa y la arena
y un trozo de cielo con alguna estrella
que vista a la noche con traje de seda.
Así que he pensado que aunque a mí me duela,
estas vacaciones que se va la abuela
a Torremolinos a veranear,
le daré mis peces en una nevera
para que los suelte en otra bañera
más grande, más llena,
cargada de olas, de espuma y arena
y mil y un reflejos de luna y estrellas
que vienen y van.
Y por si recuerdan con un poco de pena
mi blanca bañera,
mi mundo sin sal
le daré a la abuela antes de que cierre su vieja nevera
mi pato de goma,
mi pez de madera,
mi esponja amarilla,
mi barco de vela
y que todos jueguen con su libertad."
Antonio Olea
domingo, 3 de mayo de 2015
Nunca paga con dinero.
Mi poeta, curtido en mil batallas de agua y jabón, partió una mañana en dirección amanecer. Nada pudieron las miradas de los abrasados viejos que finalmente le vendieron cera y cerillas para su viaje al tiempo que descosían sus cicatrices para construir unas parihuelas. Por más que les quieras, hay caminos que solo ellos pueden recorrer. ¿Qué renacimiento habrá que no sea doloroso?
Con el hatillo lleno de plumas y pajas maternas, con el corazón afinado y recién afeitada la barba de tres vidas se marcho silbando aquella melodía pegajosa que la varada cantaba de sol a sol.
Espiritu noble, sin blindaje, buscó mas allá de los mapas y encontró molinos que molían la esperanza a precios de hambre ajena, cerebros bien engominados y muchas carteras llenas de arrugas. Como buen quijote descubrió en sus tripas vacias un pan que no alimenta y brazos tan, tan largos que rodean el mundo y a toda criatura atrapan. Y no son molinos.
Regresa descompuesto y mudo al refugio del pecho materno.
Causa tristeza ver que llega " mendigo que no mendiga porque nada necesita."
Me da pena verlo así y al mismo tiempo le espero llena de expectación la letra nueva, porque si grumete inconsecuente me conmovia tanto, no puedo imaginar adonde no llegara marinero y roto.
Con el hatillo lleno de plumas y pajas maternas, con el corazón afinado y recién afeitada la barba de tres vidas se marcho silbando aquella melodía pegajosa que la varada cantaba de sol a sol.
Espiritu noble, sin blindaje, buscó mas allá de los mapas y encontró molinos que molían la esperanza a precios de hambre ajena, cerebros bien engominados y muchas carteras llenas de arrugas. Como buen quijote descubrió en sus tripas vacias un pan que no alimenta y brazos tan, tan largos que rodean el mundo y a toda criatura atrapan. Y no son molinos.
Regresa descompuesto y mudo al refugio del pecho materno.
Causa tristeza ver que llega " mendigo que no mendiga porque nada necesita."
Me da pena verlo así y al mismo tiempo le espero llena de expectación la letra nueva, porque si grumete inconsecuente me conmovia tanto, no puedo imaginar adonde no llegara marinero y roto.
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