Cuando trato con ella, se va a casa más animada y yo un poco menos, como si intercambiaramos los papeles y en ella apareciera su yo más alegre y en mi el más taciturno.
Suele decirme que a veces me envidia porque mi vida parece más ligera, porque tengo buen humor y cree que mantener el humor y las ganas de vivir vienen como los ojos negros, de serie y ella llego sin pieza.
Existen algunas personas como Luisa, que teniendo todas las herramientas para vivir se empeñan en no usarlas, y quiero aclarar que no estoy hablando de personas enfermas.
Ser Feliz deberia ser obligatorio, no un derecho sino un deber. Cada año en la declaración de la renta deberia existir una casilla que preguntara ¿fue usted feliz el año pasado? pues premio. ¿No fue feliz, no se esforzo en serlo? la cuota más alta a pagar.
Ser feliz, da mucho trabajo, es difícil y en muchas ocasiones doloroso,cuando todos los argumentos son pesimistas, y te susurran al alma como si te revelasen grandes secretos, que vivir es peligroso, que no se puede confiar en nadie, que los problemas nunca acaban y que lo peor esta por venir, es necesario hacer un esfuerzo de disciplina mental inmenso para no dejarse seducir por el pesimismo y caer al vacio con ellos.
Y quiero huir de esos argumentos y alejarme de esas voces machaconas, para no caer en la estupidez de ser infeliz.
Abandonarse es fácil, permanecer herido, ofendido, deprimido, culpar a otros, ser victima es más sencillo que disciplinarse en el pensar y en el sentir, que luchar contra la tristeza, el miedo, el odio y no caer en la locura de la amargura porque si.
Luisa ha pasado buena parte de su vida buscando llaves que abrieran puertas que no existían, viendo problemas y monstruos donde en realidad no los había y despreciando donde de echo se encontraban, tan dentro de su alma.
No necesita grandes catástrofes para ser infeliz. Se basta a si misma.
Buscar y encontrar la parte clara de las personas y de los acontecimientos, no rendirse y ajustar las velas del barco, es cuando menos cuestión de voluntad, en algunos momentos de mucha voluntad.
Ser feliz puede resultar muy doloroso, pero de un dolor que produce, que fructifica, que alimenta y te hace crecer, que no te niega la alegria y el placer de estar vivo.



