viernes, 22 de marzo de 2024

Ir y no saber donde.

 Voy con el alma perdida porque al mirarte no la encuentro en tus ojos.

Voy con el corazón desnudo de la prisa porque  mereces la pausa y la caricia lenta.

Voy con los pies descalzos, caminando entre los abrojos de una hierba seca, lecho ardiente de una arena hambrienta,

Voy como quien no va, aislada de mí,  como quien vuelve de un laberinto sin retorno que ya ha equivocado cien veces.

Llevo la desesperación del viento de marzo en los ojos.

Voy como quien camina a trompicones, quebradas las alas  entre los pies.

Voy y no voy, porque vuelvo de una guerra que mutiló mis sentidos y no hallo el camino verde de la esperanza entre la  niebla gris que vela mis ojos.

Voy, pero vuelvo de la ardencia salvaje del desespero.

Voy, pero aún vuelo  tan a ras de suelo que no se distinguen las raíces de los tallos.

Voy y sé que vendré de nuevo para recoger los destrozos de aquel campo agreste  de la memoria. De allí florecerá la yerba o las hormigas voraces de un trigo hambriento germinado en las trincheras.

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