Estaba sentada esperando sin saber que aquello que quedaba por llegar era solo un veneno entre las flores. Esperaba sentada en un banco gris de una de las arteria que vertebran una ciudad cualquiera. Una mujer joven y embarazada se sentó a su lado, posó su bolso sobre la madera y se reclinó sobre su rodillas mientras cerraba los ojos, aunque sonriera
.
Las manos no saben estar quietas, de una pieza de papel crujiente y roja cortó un rectángulo, lo dobló por la mitad colocando los picos de los extremos hacia el centro; volvió a doblar los sobrantes y girando el rombo lo terció hacia afuera. No es fácil crear profundidades en el plano plano. Después de varias maniobras aquella pieza de papel tomó la forma cónica de un corazón que late.
Y latía.
La mujer embarazada también esperaba a alguien. La miró, escuchó el latir del corazón y sonrió con los ojos. Entonces la primera mujer se levantó y le regaló el primer latido de muchos:
- Es para ti, le dijo. Ahora tienes tres. Nada puede ir mal.
No, ahora tengo cuatro.- respondió, y tal y como dice Benedetti en una de sus novelas, se dieron los nombres.
sábado, 13 de julio de 2019
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