Lo que vemos de las cosas son las cosas.
¿Por qué habríamos de ver una cosa si hubiese otra?
¿Por qué ver y oír sería engañarnos
si ver y oír son ver y oír?
Lo esencial es saber ver,
saber ver sin estar pensando,
saber ver cuando se ve,
y no pensar cuando se ve
ni ver cuando se piensa.
Pero esto (¡tristes de nosotros que llevamos el alma vestida!),
esto exige un estudio profundo,
un aprendizaje de desaprender
y un secuestro en la libertad de aquel convento
del que los poetas dicen que las estrellas son las monjas eternas
y las flores las penitentes convictas de un solo día,
pero donde al final las estrellas no son sino estrellas
y las flores sólo flores,
y por eso es por lo que las llamamos estrellas y flores.
Alberto Caeiro.
viernes, 13 de diciembre de 2013
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