lunes, 10 de junio de 2019
Tengo esperanza
Tengo esperanza en que el cuento que estamos escribiendo Laura y yo prenda bien en el papel y logremos publicarlo en el periódico local.
Tengo esperanza en que cada vez que me vuelvan a "recortar la cresta" sea mi razón la que ayude a resolver el recorte y no la mente prehistórica la que saque al genio de la lámpara.
Tengo esperanza en que cuando vuelva a encontrarme con la cizaña entre el trigo, sepa distinguirla y no la vuelva a llevar a mi mesa para que intoxique tanto.
Tengo esperanza en que las emociones y los sentimientos fortalecidos se consoliden sin ofenderme.
Tengo la esperanza de aprender a separar los hechos de las personas y que mi realidad sea como yo la interprete, según mi propio criterio
Tengo esperanza de que vuelvan las golondrinas al fluorescente del patio y jugando con los cristales de la ventana, bendigan de nuevo mi casa.
Tengo esperanza.
Espero, sigo esperando porque creo en lo que sé, porque, además de esperanza, tengo fe.
viernes, 31 de mayo de 2019
Dice mi Sole...
A menudo, mis intuiciones son certeras, como las de la madre de mi Sole, pero a ella no le sirve mi intuición, porque lo que necesita es la confianza y la incondicionalidad del amor que la madre le ofrecía.
Ahora, ella se convertirá en su propia madre y desarrollará su propia intuición, mientras tanto continúa sintiendo la vulnerabilidad de la infancia, la sensación fría de la ausencia y la orfandad de su mirada. La vida nunca vuelve a ser la misma cuando nuestro ombligo ya no es la referencia del hogar materno.
Me ha encantado su frase y me la repito: "La nostalgia es una pena que se arrastra sin zapatos".
jueves, 16 de mayo de 2019
Viajar
lunes, 13 de mayo de 2019
Cuenca
Si algo tienen las tintas de B. sobre el papel es el fruto del tiempo, la talla del espíritu libre que guía la plumilla y la retrata con la profundidad de un horizonte que vierte desde muy hondo, que se hace luz al contacto en el papel. No solo se ve la Serranía de Cuenca, se la camina en la imagen sobre las dolomitas que se contemplan sencillas y simples como si así lo hubieran sido siempre y no hubieran luchado a muerte con el humedecer de la lluvia y el mar de los siglos que han dormido y despertado en ella hasta tallarla hoy. Las piedras hablan, como habla el barro para que los geólogos lean en ellas las letras fósiles que ilustran qué la vida fue y cómo fue. Belén traduce la escritura de la piedra y nos la retrata con su pulso firme y honesto. No necesita adornar la lámina porque la realidad llena el espacio y es tan hermosa que no precisa más carmín. La tierra que retrata Belén perfuma el aíre con las semillas del lirio que acunan dentro la una y la otra.
Cuenca verde, que no gris ni marrón como la imaginan los mapas, despereza la patina del tiempo y del espacio para sorprenderme gratamente entre la sementera crecida y el tomillo floreciendo bajo un cielo azul sin complejos. Si bien arcaica y solariega, hoy es luz y mano amiga que sella en su abrazo un pacto de amistad que viene ya de otras vidas y continua hacia otro tiempo. Como si de la pieza de un puzzle se tratara, las Hoces del Huecar se han acomodado en el espacio que desde anataño las esperaba aún sin saberlo, de su orografía madura para recomponerme un tanto más. No hay fisuras ni fallas solo el sonido del encaje.
Gracias por todo, Belén, que el tiempo madure a la vez pluma y roca para que puedas cincelar de tu mano y compartirlos desde el interior con quienes desde afuera vendremos a abrazarlo contigo una vez más con el gusto de retornar de adonde nunca nos fuimos.
domingo, 5 de mayo de 2019
Abandono de Lorena Pronsky
Y cuando digo abandonar, no me refiero sólo a un acto extraordinario.
Traumático.
No.
Es más simple.
Pero duele igual.
A todos nos abandonaron en el medio de un quilombo.
En el inicio de un proyecto.
En el placer del logro cumplido.
En el momento menos pensado.
En el momento más esperado.
Porque todos fuimos abandonados un día.
el otro que corre y corre como un loco a ver si el viento en la cara le vuela ese agujero en el pecho.
Personas que se comen las uñas junto con los nervios y la ansiedad paralizante.
Paquetes de galletitas que van a parar a la boca sin noción de que lo que se intenta matar, no es el hambre.
O por lo menos , no ese.
Pibes que se perforan la nariz y las venas, con alguna que otra cosa que lo pase a otra realidad por un par de horas.
El otro se pone a jugar lo que no tiene.
Vos comprarás compulsivamente cosas que no necesitás, para sentirte un poco vivo por un instante.
Y yo me quedaré mirando una película, que me habilita disimuladamente a llorar mirando afuera, lo que no tengo ganas de mirar adentro.
Te pone peor.
Te suma al abandono, la culpa de hacer algo que sabés que no es genuino.
Que no es lo que querés.
No corrés por deporte, cuando te estás rajando de vos.
No te intoxicás por placer.
No te acostás con esa mina por amor.
Tapás.
Escondés.
Tirás abajo de la alfombra.
Cerrás los ojos.
Te ponés un bozal y un par de auriculares para no escuchar tu corazón.
Te estás comiendo a vos.
Y quizá, el secreto esté en frenar.
En sentir.
En recordar, que en ese abandono lo que te falta, es lo que tenés que buscar.
De acostarte en las rodillas de tu mamá.
De poner la pava y llamar diciendo, sí, te juro que te necesito.
Es ahora.
Después no.
Ahora.
Hablá con quién te escucha.
Llorá.
Gritá.
Decí.
Vomitá.
Pedí.
Da.
Y las curitas no curan.
Las curitas tapan.
Y vos sabés muy bien que el dolor tapado no es dolor sanado.
Mirá en el espejo de tu alma.
Frená.
Mirá lo que te falta y salí a buscarlo en dónde creas que lo puedas encontrar. De verdad.
Pedí lo que necesitás si ves que solo no podés.
Con eso no se juega.
No tenés derecho.
martes, 23 de abril de 2019
A medio camino a ti.
Anhelaba otras alturas,
un horizonte más amplio,
un corazón sin zurcirdo
media docena de flores,
un café sin diluir.
Ansiaba saltar de las arcadas de la nostalgia
a la arena tibia de la soledad
del mí conmigo.
Desandad pues, pies desnudos,
el caminos de botellas rotas
al encuentro de teorías
lejanas de pan y alma,
retroceded a mañana y suspirad.
El oxígeno se tornó pulcro añil profundo.
Cada signo se concilió con su elemento.
Sintió extranjero el tiempo perdido
en el agujero negro de la sinrazón.
Del no haber sido.
Del no ha de ser.
Cauterizó la vida el mismo fuego
que arrasó hasta los cimientos el abrazo.
Por fin arrolló la niebla, restañó la herida.
Recompuso los escombros.
Amaneció.
Ya no yerbe el mosto en el jaraíz,
hoy es alivio en la boca.
Ya no están vacías las tinajas
sino plenas de hierba fresca recién cortada.
Ya fermentó el dolor,
y de la ruina se hizo don.
miércoles, 17 de abril de 2019
Instinto de supervivencia
Probablemente, escribir se haya convertido en una terapia más a utilizar para descomprimir los canales de esa sabiduría ancestral que no habla el mismo idioma que la tecnología, pero que se manifiesta sin pudor en cuanto encuentra al papel sin ataduras.
Algunos de mis textos fueron para mí en el momento de escribirlos algo así como seres incomprensibles, extraños a los que reconocía como propios por el olor, pero que hablaban a un "oído" que no era aún capaz de captar los matices más sutiles de la realidad que describían.
Dicen que el cerebro comienza por desarrollar el olfato como el primero de los sentidos, por lo tanto, el más ancestral, convertido de ese modo en la primera herramienta de supervivencia que nos avala. Antes de beber cualquier líquido o probar cualquier alimento, por muy apetecible que resulte a la vista, primero se huele. Tal vez el cerebro sabe que la vista es demasiado ingenua para descubrir verdades y peligros, de modo que todo pasa por instinto, por el tamiz de la nariz.
Aún cuando mi mente inconsciente no pudiera hablarme con la claridad de un idioma conocido no dejó nunca de mostrarme la imagen de la realidad más allá de mi propia percepción.
Nada nos ama tanto como nuestra propia alma. Sin cansancio, sin censura, sin pausa guió mi mano en el papel dibujando la realidad en el lenguaje más primario. Y ahora, después de haber disipado la niebla espesa que aturdía mi desconcierto, por fin, puedo ver lo que siempre trató de decirme y la manera en que me protegió sin que yo misma fuera consciente de ello. Todo lo que nos sucede se graba de alguna forma en nuestro espíritu. La vida no escribe en la arena, grafía en piedra y allí queda para los que vendrán a necesitarla un día. Todas las experiencias suman en un inconsciente colectivo que crece con cada aprendizaje y evoluciona en sí mismo con todos. Sé lo que sé porque alguien lo supo antes que yo. Y alguien vendrá a saber de aquello que necesita por la letra con la que contribuyo a plasmar en la piedra en la que escribo, porque yo, como la vida, tampoco escribo en la arena...
Trababalenguas, quiero y no quiero
“Quiero y no quiero querer a quien no queriendo quiero. He querido sin querer y estoy sin querer queriendo. Si por mucho que te quiero, qui...
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