lunes, 5 de mayo de 2014

Suéltame

No sé  cuanto sé  de tan vivido a diario y algunas veces creo que sé y he crecido poco. Sin embargo, otras veces sin saber muy bien de que forma,  sé que sé más que sabía.  Para darme cuenta de ello ha sido necesario que algo suceda, algo que no hubiera sucedido antes  ni de la misma manera a como ha sucedido ahora y eso da  medida de un cambio casi imperceptible pero real.

¿Qué es violencia? ¿Cuándo es violencia? ¿Qué grado de violencia es? De baja, media y alta intensidad, sí, pero ¿dónde se encuentran los margenes?

Cualquier abuso, cualquier agresión a tu espacio vital ¿es violencia? ¿Es percibida igual si se produce a una edad u a otra? ¿en un género que en otro?

A veces creo que, vivimos tan sumergidas en ella que ni siquiera nos conmueve o nos altera, como si se tratara de la fricción lógica y natural del aire en nuestro cuerpo al caminar.
Quien se acostumbra a sentarse en un pico de la silla mientras el resto esta lleno de trastos se acostumbra, se acomoda a la incomodidad y la da por buena. Quien sabe sentarse en un lugar amplio y espacioso no puede entender que otros se conformen con tan poco y que no perciban el robo de dignidad  a que están siendo sometidos.

Todo es cuestión de costumbres, de domesticación y de ignorancia, tambien de indefensión.

¿Si le hubiera dado una patada en los huevos hubiera sido violencia? ¿o sencillamente una respuesta agresiva a su ataque?

sábado, 3 de mayo de 2014

Suzanne

Suzanne tiene unos ojos negros inmensos y profundos, tan franceses como ella. Dos pozos de agua oscura a los que unas ligeras arrugas y una inmensa sonrisa suavizan  y calman. Suzanne no mira a mis ojos pardos pero me busca y me encuentra. Me inquieta cuando percibo que me sigue con la mirada desde lejos, porque no sé que significa. Puede que le recuerde a alguien (o a ella misma) e hipnóticamente me busque. Su mirada me llama, acaricia mi nuca; sé que está mirandome y me observa; aguardo un momento sin girarme a pesar de que el  cuerpo me pida hacerlo, en cuanto noto la vibración visual, rápidamente. Aguardo  porque sé que el mismo giro de mi cuello guiara al suyo unos instantes después y solo nos encontraremos un espacio de tiempo tan breve como turbador.

Hablamos malamente el idioma que la otra habla pero de alguna manera  nos decimos.
Un lenguaje emocional antiguo y común nos sintoniza, crea un lazo entre nosotras, sin saber muy bien de donde viene o que quiere decir.


 Me quedo con ganas de darle un abrazo más largo y siento que a ella le pasa lo mismo.

Suzanne guarda de mí, un corazón de papel que late y un pájaro que mueve las alas;  como en  nuestra no-historia el corazón late para ningún cuerpo y el pájaro bate alas para ningún vuelo. Pero ambos se mueven.


Soy ampliamente consciente que solo es un instante de cuento en una realidad que excluye los momentos de magia, pero me encanta saber que existe, y que quiere que sepa de ella que me reconoce y me recuerda.

Me atrae e inquieta, como cualquier misterio.

martes, 15 de abril de 2014

La ciudad de la abundancia

La ciudad de la abundancia
No nos levantará la rabia de la tierra
ni nos impulsará la ira a conquistar la ciudad.
No nos levantaremos entre cantos de justicia
a derribar murallas que nos cercan
porque nos han dicho que la ciudad es nuestra
y eso nos ha bastado.
Porque es cierto, todos vivimos dentro.
Y quien no vive dentro vive fuera, pero tiene una casa,
y si no tiene una casa tiene una cama
y si no,  tiene una manta.
Y si no tiene una manta tendrá al menos un cartón.
¿Quién no tiene un cartón para cubrirse el cuerpo,
para abrigarse cuando hace frío en la ciudad de la abundancia
y las noches se alargan y caen como cristal sobre los cuerpos?
Y porque todos tenemos al menos un cartón
no nos levantará la rabia de la tierra,
porque nos han dicho que el cartón es nuestro
y eso nos ha bastado


Beatriz Gimeno.

viernes, 4 de abril de 2014

Ocho minutos

Me bastarían ocho minutos contigo para saber la verdad. Podría jugármelo a menos pero no me parece justo. Tal vez porque no quiero darte ni más importancia ni menos. Porque diez minutos serían  darte sitio y cinco apenas invitarte a entrar. Tal vez porque esos fueron los minutos que mediaron entre tu calle y la mía. Entre tu petición y mi renuncia. Y no es rencor. He conseguido darle la vuelta. No tuvo nunca la fuerza de serlo. Nació  decepción y en el proceso de crecimiento no ha llegado a indiferencia, digamos que ochomesino ha  quedado en desapego.
O eso me gusta creer. Y como soy dueña de mis marcas me las marco como quiero.

Hoy te he visto desde lejos y me ha sorprendido la familiaridad de tu gesto. Como antes. Como siempre.   Me basta y me sobra  ver un simple movimiento en tu pelo y como se  inclina tu  cabeza hacia el lado izquierdo de tu cuello casi sin querer, para saber como te encuentras. Ventajas de las  muchas horas, de la mucha vida en crecimiento compartida.

He visto que no permitías que nadie se acercara o se interpusiera entre tú y él.

Debe tratarse de un tema importante. Estas tan  absorta..!Tanto que para ti no existe más aire que el que os envuelve. Te veo sonreír y tu mirada se ha hecho joven y tierna y cómplice. Resplandeces... No es solo una coincidencia. Estas enamorada. Me sorprende leerte el gesto y  me asombra verte sentir de nuevo, desde lo más íntimo y rebelde de ti.

Le miro y le reconozco en otro. Se parecen sorprendentemente.

Y paso de largo, en puntillas para no romper tu instante exclusivo, porque  soy consciente por tu fuerza en aislarle de que no se repetirá  a menudo y porque nadie puede entrar en esa atmósfera uterina y circular que has creado para él. No me perdonarías acercarme y robarte parte de los ocho minutos que él te dará.

Un momento después ya has velado tus ojos para que nadie vea en ellos lo que tu cuerpo no deja de gritar por cada poro. Inútilmente tratarás de  tapar ese volcán con un puñado de arena; esa inmensa felicidad que se te concentra dentro, con tapia blanqueada al exterior para que nadie vea.

Te reconozco el terreno, te he visto bragarlo con uñas y dientes y me emociona verte luchar otra vez y saber, porque lo sé, que volverás a lucharlo todo aun sin esperanza. Pero siempre has sido así, de esta manera. Allí donde hubiera una barrera imposible de  traspasar y con la que romperse la cabeza, estabas tú. Valiente. O simplemente terca.

Una lucha titánica. Una lucha llena de espuma que creíste mar y que solo se trataba de una pastilla efevercente en un pequeño recipiente de cristal.

Te acuerdas? Nosotras eramos diferentes, no nos separaría la vida por nada del mundo. Porque nuestro afecto era real y cierto. Y a los afectos de verdad no los devora el tiempo, ni la nada.

Es tu cumpleaños, te felicito por mensaje y me invitas a un café...Y te echo de menos... ¿y sabes, qué? Me apetece que me cuentes que esta vez es diferente.Como siempre...

Y sin tiempo.
Como siempre.

Hay batallas que no merecen la pena ganarse. Ni siquiera por ocho minutos.

miércoles, 26 de marzo de 2014

A deshora y sin embargo a tiempo.



Recibo una carta tuya que viene a recordarme que hace 28 años estuve a tu lado y  me mantuve contigo. Que fue cierto, que lo recuerdas. Una carta que escribes cuando ya hace mucho que me dejaste y menos que me perdiste. Porque los amores te dejan, pero también te pierden.
Y llega tu carta ahora, tanto tiempo tarde, para dejar constancia de que aquello que repetidamente negaste fue realidad reiterademente negada, pero cierta. Y  ahora no me sirve de consuelo ni alivio que lo que siempre supe fue.
Y da cuenta perfecta de que no lo haces por mí sino porque hoy tienes el corazón removido y los ojos de esa fiera te miran con firmeza.
Y yo que batí alas con cuchillas y cargue  mi corazón de locura siento una tristeza infinita. No por un nosotras que no hubo, sino por un tiempo de vida adulterado.

Otra mujer viene con la llave del baúl antiguo que jamás pretendió abrir y con dos vuelta de tuerca y una historia se  excusa, sin disculpas, por haber mantenido aquel  hilo ardiente bajo mis pies por el que me obligó a transitar sin red. Y dice que nada hubo en aquel arcónl por lo que yo  debiera haber temido. Que toda amenaza fue infundada y que aquel lugar fue un artificio, un espejismo creado para que nada se  escapara de unas manos temerosas, a pesar de que nada hubiera que temer ni desear. Un lugar vacío que vació parte de mi esperanza. Tal y como siempre  intuí y a cuya creencia di la vuelta para no dejar de creer en ella.

Y llegan tiempo tarde y sin embargo a tiempo..

Y aunque otra nueva mujer no lo entienda, lloro cuando me tratan bien, aunque me pierda y no pueda crear las palabras que lo expliquen, porque a base de negarlas las perdí. Porque vinieron húmedas, sin pulimento ni brillo. Tal vez porque dermis con dermis aún no sean piel con piel. Porque me arriesgué, porque  teniéndolo todo que ver con ella no tienen nada que ver con ella.
A veces las palabras lo enredan todo. A veces los besos lo desenredan.

martes, 11 de marzo de 2014

sábado, 8 de marzo de 2014

No sé qué decirte



“No es que me calle lo que pienso, es que, a veces, no sé qué pensar. No es que oculte lo que me inquieta, es que me inquieta no saber lo que oculto.”
En ocasiones es algo más poderoso que una ignorancia, un desconocimiento o un desconcierto que inhabilitan mis palabras. No es una parálisis, sino un exceso de estímulos que provocan algo que se parece a una proliferación compleja y contradictoria de emociones, de sentimientos y, quizá, de ideas que no se dejan reducir a un discurso articulado. No solo por falta de coherencia. Se hace casi imposible la verbalización. No es un engaño. No es que me lo guarde, es que lo que siento no es capaz de llegar a ser algo que decir. Reconozco que debe resultar incómodo encontrarse ante quien, en cierto modo desnudo de argumentos, ni siquiera es capaz de enfrentar o de afrontar la situación. A veces, es desesperante. Y puede hasta parecer agresivo. Dan ganas de agitar o de remover las hojas de quien calla a ver si cae o se desprende algo que se deje ver u oír. Podría pensarse que es una cobardía o una irresponsabilidad, una incapacidad de hacerse cargo de la situación, de las propias decisiones. Pero en ocasiones un rayo irrumpe en el corazón de la lógica y tiemblan y laten las almas, pero no hay modo de sentir más que impotencia o culpa o desamparo.

No lo tomes a mal. Callo porque una voz más potente que cualquier frase no es capaz de balbucear ni de deletrear nada. Un ejército de traspiés y de tropezones es torpe para enfilar un mínimo discurso. No es indiferencia. Desearía que entraras en el insonoro refugio en el que no hay palabras. No es un vacío, es algo aplazado, despoblado, que sin embargo late. Y creo que con amor. Pero a estas alturas de la conversación, ya solo un gesto, quizá un abrazo, podría mostrar la verdad de esto que ni es esto, ni sé qué decir de ello. Esto que me pasa y que, sin embargo, no poseo. Tengo algo decisivo que decirte: no sé qué. Tal vez se desprenda de mi mirada o de mi postura. Te lo digo sin decírtelo.

No siempre tenemos las palabras adecuadas. En ocasiones, ellas parecen haberse ido incluso antes de llegar. Se produce una sensación incómoda de incomunicación. Pero tal vez en ese momento se requiere algo más, algo otro, la capacidad de escuchar lo que quizá quede patente sin necesidad de ser dicho: un aprecio más consistente que cualquier explicación. No es que se esconda algo. Es la voluntad de mostrar que no hay qué decir. Podrían improvisarse palabras, pero cuando alguien nos importa de verdad es preferible que sepa que no siempre sabemos qué decir, aunque incluso eso deseamos hacerlo llegar amorosamente. Y ese es ya otro modo de hablar.

Bien necesario, por cierto. 
Ángel Gabilondo

Trababalenguas, quiero y no quiero

 “Quiero y no quiero querer a quien no queriendo quiero. He querido sin querer y estoy sin querer queriendo. Si por mucho que te quiero, qui...