martes, 15 de abril de 2014

La ciudad de la abundancia

La ciudad de la abundancia
No nos levantará la rabia de la tierra
ni nos impulsará la ira a conquistar la ciudad.
No nos levantaremos entre cantos de justicia
a derribar murallas que nos cercan
porque nos han dicho que la ciudad es nuestra
y eso nos ha bastado.
Porque es cierto, todos vivimos dentro.
Y quien no vive dentro vive fuera, pero tiene una casa,
y si no tiene una casa tiene una cama
y si no,  tiene una manta.
Y si no tiene una manta tendrá al menos un cartón.
¿Quién no tiene un cartón para cubrirse el cuerpo,
para abrigarse cuando hace frío en la ciudad de la abundancia
y las noches se alargan y caen como cristal sobre los cuerpos?
Y porque todos tenemos al menos un cartón
no nos levantará la rabia de la tierra,
porque nos han dicho que el cartón es nuestro
y eso nos ha bastado


Beatriz Gimeno.

viernes, 4 de abril de 2014

Ocho minutos

Me bastarían ocho minutos contigo para saber la verdad. Podría jugármelo a menos pero no me parece justo. Tal vez porque no quiero darte ni más importancia ni menos. Porque diez minutos serían  darte sitio y cinco apenas invitarte a entrar. Tal vez porque esos fueron los minutos que mediaron entre tu calle y la mía. Entre tu petición y mi renuncia. Y no es rencor. He conseguido darle la vuelta. No tuvo nunca la fuerza de serlo. Nació  decepción y en el proceso de crecimiento no ha llegado a indiferencia, digamos que ochomesino ha  quedado en desapego.
O eso me gusta creer. Y como soy dueña de mis marcas me las marco como quiero.

Hoy te he visto desde lejos y me ha sorprendido la familiaridad de tu gesto. Como antes. Como siempre.   Me basta y me sobra  ver un simple movimiento en tu pelo y como se  inclina tu  cabeza hacia el lado izquierdo de tu cuello casi sin querer, para saber como te encuentras. Ventajas de las  muchas horas, de la mucha vida en crecimiento compartida.

He visto que no permitías que nadie se acercara o se interpusiera entre tú y él.

Debe tratarse de un tema importante. Estas tan  absorta..!Tanto que para ti no existe más aire que el que os envuelve. Te veo sonreír y tu mirada se ha hecho joven y tierna y cómplice. Resplandeces... No es solo una coincidencia. Estas enamorada. Me sorprende leerte el gesto y  me asombra verte sentir de nuevo, desde lo más íntimo y rebelde de ti.

Le miro y le reconozco en otro. Se parecen sorprendentemente.

Y paso de largo, en puntillas para no romper tu instante exclusivo, porque  soy consciente por tu fuerza en aislarle de que no se repetirá  a menudo y porque nadie puede entrar en esa atmósfera uterina y circular que has creado para él. No me perdonarías acercarme y robarte parte de los ocho minutos que él te dará.

Un momento después ya has velado tus ojos para que nadie vea en ellos lo que tu cuerpo no deja de gritar por cada poro. Inútilmente tratarás de  tapar ese volcán con un puñado de arena; esa inmensa felicidad que se te concentra dentro, con tapia blanqueada al exterior para que nadie vea.

Te reconozco el terreno, te he visto bragarlo con uñas y dientes y me emociona verte luchar otra vez y saber, porque lo sé, que volverás a lucharlo todo aun sin esperanza. Pero siempre has sido así, de esta manera. Allí donde hubiera una barrera imposible de  traspasar y con la que romperse la cabeza, estabas tú. Valiente. O simplemente terca.

Una lucha titánica. Una lucha llena de espuma que creíste mar y que solo se trataba de una pastilla efevercente en un pequeño recipiente de cristal.

Te acuerdas? Nosotras eramos diferentes, no nos separaría la vida por nada del mundo. Porque nuestro afecto era real y cierto. Y a los afectos de verdad no los devora el tiempo, ni la nada.

Es tu cumpleaños, te felicito por mensaje y me invitas a un café...Y te echo de menos... ¿y sabes, qué? Me apetece que me cuentes que esta vez es diferente.Como siempre...

Y sin tiempo.
Como siempre.

Hay batallas que no merecen la pena ganarse. Ni siquiera por ocho minutos.

miércoles, 26 de marzo de 2014

A deshora y sin embargo a tiempo.



Recibo una carta tuya que viene a recordarme que hace 28 años estuve a tu lado y  me mantuve contigo. Que fue cierto, que lo recuerdas. Una carta que escribes cuando ya hace mucho que me dejaste y menos que me perdiste. Porque los amores te dejan, pero también te pierden.
Y llega tu carta ahora, tanto tiempo tarde, para dejar constancia de que aquello que repetidamente negaste fue realidad reiterademente negada, pero cierta. Y  ahora no me sirve de consuelo ni alivio que lo que siempre supe fue.
Y da cuenta perfecta de que no lo haces por mí sino porque hoy tienes el corazón removido y los ojos de esa fiera te miran con firmeza.
Y yo que batí alas con cuchillas y cargue  mi corazón de locura siento una tristeza infinita. No por un nosotras que no hubo, sino por un tiempo de vida adulterado.

Otra mujer viene con la llave del baúl antiguo que jamás pretendió abrir y con dos vuelta de tuerca y una historia se  excusa, sin disculpas, por haber mantenido aquel  hilo ardiente bajo mis pies por el que me obligó a transitar sin red. Y dice que nada hubo en aquel arcónl por lo que yo  debiera haber temido. Que toda amenaza fue infundada y que aquel lugar fue un artificio, un espejismo creado para que nada se  escapara de unas manos temerosas, a pesar de que nada hubiera que temer ni desear. Un lugar vacío que vació parte de mi esperanza. Tal y como siempre  intuí y a cuya creencia di la vuelta para no dejar de creer en ella.

Y llegan tiempo tarde y sin embargo a tiempo..

Y aunque otra nueva mujer no lo entienda, lloro cuando me tratan bien, aunque me pierda y no pueda crear las palabras que lo expliquen, porque a base de negarlas las perdí. Porque vinieron húmedas, sin pulimento ni brillo. Tal vez porque dermis con dermis aún no sean piel con piel. Porque me arriesgué, porque  teniéndolo todo que ver con ella no tienen nada que ver con ella.
A veces las palabras lo enredan todo. A veces los besos lo desenredan.

martes, 11 de marzo de 2014

sábado, 8 de marzo de 2014

No sé qué decirte



“No es que me calle lo que pienso, es que, a veces, no sé qué pensar. No es que oculte lo que me inquieta, es que me inquieta no saber lo que oculto.”
En ocasiones es algo más poderoso que una ignorancia, un desconocimiento o un desconcierto que inhabilitan mis palabras. No es una parálisis, sino un exceso de estímulos que provocan algo que se parece a una proliferación compleja y contradictoria de emociones, de sentimientos y, quizá, de ideas que no se dejan reducir a un discurso articulado. No solo por falta de coherencia. Se hace casi imposible la verbalización. No es un engaño. No es que me lo guarde, es que lo que siento no es capaz de llegar a ser algo que decir. Reconozco que debe resultar incómodo encontrarse ante quien, en cierto modo desnudo de argumentos, ni siquiera es capaz de enfrentar o de afrontar la situación. A veces, es desesperante. Y puede hasta parecer agresivo. Dan ganas de agitar o de remover las hojas de quien calla a ver si cae o se desprende algo que se deje ver u oír. Podría pensarse que es una cobardía o una irresponsabilidad, una incapacidad de hacerse cargo de la situación, de las propias decisiones. Pero en ocasiones un rayo irrumpe en el corazón de la lógica y tiemblan y laten las almas, pero no hay modo de sentir más que impotencia o culpa o desamparo.

No lo tomes a mal. Callo porque una voz más potente que cualquier frase no es capaz de balbucear ni de deletrear nada. Un ejército de traspiés y de tropezones es torpe para enfilar un mínimo discurso. No es indiferencia. Desearía que entraras en el insonoro refugio en el que no hay palabras. No es un vacío, es algo aplazado, despoblado, que sin embargo late. Y creo que con amor. Pero a estas alturas de la conversación, ya solo un gesto, quizá un abrazo, podría mostrar la verdad de esto que ni es esto, ni sé qué decir de ello. Esto que me pasa y que, sin embargo, no poseo. Tengo algo decisivo que decirte: no sé qué. Tal vez se desprenda de mi mirada o de mi postura. Te lo digo sin decírtelo.

No siempre tenemos las palabras adecuadas. En ocasiones, ellas parecen haberse ido incluso antes de llegar. Se produce una sensación incómoda de incomunicación. Pero tal vez en ese momento se requiere algo más, algo otro, la capacidad de escuchar lo que quizá quede patente sin necesidad de ser dicho: un aprecio más consistente que cualquier explicación. No es que se esconda algo. Es la voluntad de mostrar que no hay qué decir. Podrían improvisarse palabras, pero cuando alguien nos importa de verdad es preferible que sepa que no siempre sabemos qué decir, aunque incluso eso deseamos hacerlo llegar amorosamente. Y ese es ya otro modo de hablar.

Bien necesario, por cierto. 
Ángel Gabilondo

miércoles, 26 de febrero de 2014

Batiburrillo

Sale el sol y hay que aventurarse a dejarse las pieles en casa. Apetece dar un paseo y contemplar la vida que circunda el poblado.
Nada más salir, los saludos de rigor con los vecinos a los que apenas he visto en estos meses pasados. Es increible, pero sé más de la vida de la duquesa de Alba y Belén Esteban que de mis vecinos. Y eso contando que veo la tele media hora nada más.
Comienzo el paseo y veo un poco más delante unos brazos moviendose como  aspas de molino,  haciendo grandes asparabanes. Tres señoras rubias de cierta edad hablan en la pequeña plazoleta que lleva a la estación de autobuses. En realidad llamarle estación de autobus es una exageración, porque apenas paran tres lineas y apenas por tres minutos, pero de alguna manera habria que distinguirla de las paradas del urbano. Porque mi pueblo es pequeño pero tenemos de todo, inclusive urbano y camión de bomberos. Hace bien poco pusimos unos semáforos que adornan mucho, a pesar de tener solo luz naranja; las habituales rojas y verdes aún no las he visto brillar. Será que creían los semaforeros esos de la ciudad que le ibamos hacer caso a las lucecicas!
Las tres señoras hablan del 23-F  indignadísimas se comentan las unas a las otras que "por lo visto, aquello fue una gran mentira, que ni hubo tiros ni Tejero sabía nada  y estaba todo estudiao; que nos habían  contado una milonga más."
En fin cuanto daño hace la televisión a veces. Ni te lo cuento como paso, ni al revés para que me entiendas.

Al pasar por el parque una muchacha, que lleva un niño de año y medio más o menos, hace eso que me repele tanto. Lo segundo que me repele más del mundo mundial. Acerca la nariz al pañal del niño e inmediatamente pone cara de "que mal huele".
¿Pero vamos a ver muchacha que esperabas? Siempre que las observo hacer ese acto suicida me suben las transaminasas. Lo de los mocos no lo cuento por no correr el riesgo de vomitar.

Miro el reloj, y es hora de volver. Se me va el vino en catas... Como pasa el tiempo cuando evitas trabajos que no te apetecen..!

Al abrir la puerta me llevo una sorpresa.Mi hermano y los sobrinos han venido a casa inesperadamente. Mis herederos (de momento) son dos. Diego que  tiene cuatro años y su hermana Lara que va cumplir dos.

El niño tiene un vocabulario de  no sé que serie de TV que  le permiten ver sus padres, pero nada más verme entrar por la puerta comienza a decirme:

Diego: ¿Y tú, que no movistes un músculo para evitar el atropello de la Directora Científica, permitiendo aquella injusticia, que esperas del fluido cósmico en tu desdicha?

Y yo asustada, más que otra cosa solo se me ocurrio protestar:
-Ostras, que yo no  fui..!

Arreglado el asunto de la directora científica  nos dirigimos a la habitación contigua para  averiguar que habia pasado con "el bebe de la abuela" (un niño Jesús, más bonito que un SanLuis, que ha dormido placidamente en su cuna de paja durante decenios, hasta que los pequeños le echaron la vista encima y ya no sabemos si llegará a Semana Santa)
Al pequeño Jesusitodemivida, alguien le ha escondido (yo no sé nada, lo juro) de la mesilla del dormitorio y esto causa un espanto terrible en Diego.
-¿Quién le habrá secuestrado? indaga, con una ceja más levantada que la otra. Y con su linterna mágica nos dirigimos a interrogar a los habitantes de la casa.

Mi madre y su amiga Alicia charlan en el salón. Ellas serán las primeras interrogadas.

- Habrán sido las chicas, parecen sospechosas! dice mientras las mira de soslayo.

Las chicas tienen 68 y 83 años y no saben la que se les viene encima.

- A ver, mujeres, decidme ¿dónde estabais a la hora del asesinato?

Y ellas se parten de risa.

Cuando vuelve me informa sobre su tercer grado a las abuelas.

Han sido ellas, me dice: la abuela y su amiga Lalicia.

Asi todo de corrido, Lalicia. Porque él que habla correctamente no dice la Carmen, la María, La Dolores y cree que el nombre de Alicia es Lalicia, asi todo junto, como El Cairo.

Mucho me temo que mientras tenga que ponerme a estudiar con esta luz y este buen tiempo, mi blog no desaparecerá. Jo, que no tengo ganas. Con lo maravilloso que es poder estudiar silvestre, sin temarios ni fechas de entrega.




lunes, 24 de febrero de 2014

Cardiosalud

Hoy escuchaba las recomendaciones de una especialista en asuntos del corazón. Dieta cardiosaludable.
 A saber:
-Reducir hasta anular la ingesta de sal.
-Evitar grasa saturadas de origen animal(adios a la barbacoa de Georgie Dann)
-La bolleria industrial, ni catarla. (Sin comentarios facilones)
-El alcohol, ni olerlo. (Salvo una copa de buen vino lleno de polifenoles mágicos)
Y en cambio:
-Beber mucha agua.
-Aumentar la ingesta de  grasas insaturadas.
-Incluir en la dieta  pan y pastas integrales.
-El aceite de oliva, el mejor.
-Hacerse fans del sabor a poliespan, es decir  del pavo y la pava.
-Tirar todas las sartenes y quedarse solo con la plancha, el horno y el vapor.

Y todo esto esta muy bien, pero me pregunto si no influirá en nuestra salud cardíaca, tanto  los alimentos prohibidos como el cómo, el donde y con quien compartimos mesa, mantel y vida.

Tengo la impresión de que estas últimas variables influyen tanto o más que la manera de cocinar.



Trababalenguas, quiero y no quiero

 “Quiero y no quiero querer a quien no queriendo quiero. He querido sin querer y estoy sin querer queriendo. Si por mucho que te quiero, qui...