A una apetecible y preciosa manzana roja  se le levantaron las faldas del telón. Se descubrió un escenario blanco y jugoso lleno de luces y pasarelas. La protagonista de aquella pieza no era una tierna gusanita, sino una serpiente de ojos ardientes y húmedos colmillos de nacar que rezumaban un zumo.
En esta obra no se sabe muy bien si la horada o la defiende, si deja su veneno o se lo lleva porque hay manzanitas que nunca se sabe de que cesta llegan, de que boca vienen o a que la labios van.

Comentarios

  1. Toda la razón. Mas vale pelar siempre las manzanas.
    Un beso.

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